INJUSTICIA EN LA EMPRESA ¿TU ESTÁS A SALVO?

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Hoy dedico mi artículo a una persona muy especial, porque este tema en concreto me lo tomo muy en serio; para mí es uno de los pilares básicos de la gestión del desempeño y talento de una empresa. Y hay cosas con las que no se debe jugar.

Escenario aproximado para poneros en situación: típica empresa anclada en el pasado, con más de tres mil trabajadores; poli-jerarquizada al máximo y con un bajo control de RRHH a todos los niveles debido, entre otros, a su carente fuerza base para sostener tantos empleados. Este descontrol lleva a una desvinculación de muchas de las funciones, que se trasladan a distintas áreas y son auto-gestionadas desde allí. Estas áreas ponen y quitan gente en los proyectos al más estilo “reparto de correo” tú aquí, tú allí, tú allá…tú en este proyecto eres jefe, tú en este eres X, tú en este eres Y.  Para que lo entendáis, es como reparto que hacíamos de pequeños cuando hacíamos equipos. Dos eran “madre” e iban pidiendo jugadores. Los que no éramos “madre” estábamos ahí exponiéndonos como mercancía hasta que alguien decía nuestro nombre y eras asignado a un equipo.

Bien, pues mi artículo se centra en la historia de uno de estos que estaban en el escaparate y pasa, en uno de los proyectos, a ser “madre” ante la incredulidad del resto.  Él mismo, consciente de sus carencias maquilla sus inseguridades con el híper autoritarismo, mientras reparte, como si fuera una partida de póquer, todas sus funciones a aquellos más preparados para salir airoso en todo momento. Casualmente siempre tiene el as.

Llega la evaluación de desempeño de 2018, esta tarea siempre “centralizada” desde RRHH. Bueno, realmente RRHH lanza un correo y luego recibe cumplimentadas las evaluaciones y las archiva sin tener la menor vinculación con el proceso. Cada cual que atienda su juego. Así que todos los responsables y los “madre” deben hacer la valoración de sus equipos. Para aquellos nuevos que este año les toca ser “madre” por primera vez les dan un mini cursillo de aquella manera, y los lanzan al ruedo.

Siguiendo con mi historia de este peculiar “madre”. Decide, para sacar un poco el cuello del fango en el que está metido (y que empieza a ser voz populi), desvirtuar las evaluaciones de su equipo, intentando demostrar que ahí las riendas las lleva él, escondiendo sus miedos e inseguridades profesionales ante el escudo de una evaluación de desempeño mal gestionada desde RRHH. Resultados de las evaluaciones pésimo.

Su equipo ha tocado fondo.  Ha creado borrones en expedientes que eran intachables, ha emborronado el esfuerzo y constancia de todo su equipo para que nadie se dé cuenta de qué él ha sido nefasto en sus funciones y pésimo como “madre”.

¡Qué impotencia! ¡Qué injusticia! Ya sabéis que a mi estas cosas me duelen. No puedo evitar estar rabiosa porque todo esto me afecta tanto personal como profesionalmente. Es cruel que haya personas viviendo con miedo, es cruel que haya colaboradores sufriendo de esta manera sin que nadie vele por ello. Hoy no puedo más que pensar en que aún tenemos mucho por hacer en la gestión del bienestar de los empleados, esto no puede seguir pasando. Porque esta historia de esta “madre” se da todos los días en muchos, muchos, muchos escenarios. No podemos seguir teniendo ladrones de motivación, no podemos seguir manteniendo en nuestros equipos terroristas del talento. Me niego a ser cómplice de todo esto y hoy lo denuncio. Y lo más triste de todo es que hoy le dedico mi artículo a una persona muy especial, pero sé que esta persona podrías ser tú, o tú, o tú… o yo.

¡Basta de abusos de poder! ¡Basta intentar sumar restando a otros en la ecuación más injusta de la vida! ¡Basta de maltratar la motivación de quien cada día pone la otra mejilla para sacar su trabajo dignamente!¡Basta de gestionar a los recursos humanos, nuestros embajadores, como peleles numerados”

Hay tantas injusticias que no me da tiempo a enumerar ¿tú estás a salvo?

Y yo me pregunto: ¿De quién es la culpa? Pues…de un departamento de RRHH que no sabe implicarse en su función y que está desbordado, de gestiones globales desprestigiadas por su mala gestión y uso,  de la des-centralización de parte de las funciones sin control alguno, del reparto de cargos a dedo sin análisis previo, de la manía de considerar que una evaluación de desempeño es un mero trámite que hay que hacer en diciembre a la par que ponemos el árbol de navidad, de no supervisar la función de las “madres” cuando son ocasionales, de no preparar a la gente para un momento tan delicado, de no entender que la motivación y profesionalidad de las personas puede comprometerse por algo mal hecho, de no utilizar los resultados de manera eficiente en decisiones futuras, de no hacer un estudio de personal para un mayor aprovechamiento, de que los trabajadores sean un número sin apellido, de que fluyan las injusticias y ante tanto descontrol ya se entiendan como parte del sistema, de que nadie se preocupe de las personas, de que nadie tenga en cuenta el gran sentido de la palabra personas, de las “madres” que lideran sin preparación y nadie se ha planteado formarlas.

De que esta “madre” en concreto carezca de valores. Pero esto ya no me incumbe profesionalmente.

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THE SHOW MUST GO ON

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Hace unas semanas estuve viendo un espectáculo en el teatro. West Side Story ,concretamente.  Era el día de su estreno ante el público tras meses de ensayo. Después de verlo no puedo más que confirmar que el trabajo para llegar a este impecable resultado debió de ser duro, muy duro.

Se apagan las luces, comienza la música, salen los actores. Esfuerzo, actuaciones sorprendentes, trabajo duro, transmiten, conectan con nosotros, muestran su gran talento…todo sale a la perfección. Ruido en el backstage, algo se ha caído. Se miran entre ellos milésimas de segundo; no titubean, continúan, inquietud casi imperceptible. Vencen el nerviosismo, vuelven a estar a la altura, rozan el cielo.

Fin, sorpresa, impacto. Cae el telón, pero aún deben pasar 3 ó 4 segundos antes de que arranquen los aplausos. Absortos y poseídos por el estupor del momento.  Comenzamos a ganar nuevamente nuestro derecho a respirar, nos lo han arrebatado con su increíble actuación.

Sale el elenco de WSS, uno a uno por orden de protagonismo, ¿o no?. Lo hacen de tal manera que cada uno gana su bien merecida ovación. No hay diferencias, no hay categorías, todos están ahí, todos ocupan su lugar en el escenario, pero el mismo lugar en el pódium de honor.

Y ahí estaban todos, con sus caras radiantes de felicidad, invadidos por la alegría y liberando el nerviosismo que los debió atrapar en cada una de las escenas; unos con lágrimas, otros con risas, otros temblando… Cada uno es libre ya de actuar sin guión Maquillajes diluidos por el río del orgullo, ellos y nosotros. Artistas unidos por las manos, pero aún más por el corazón, que atrás dejó cualquier conflicto que pudiera haber ocurrido, desde ese momento como si hiciera ya un siglo.  Eran un equipo. Miradas cómplices y felicitaciones en un código que sólo ellos entendían, satisfechos, honrados y conscientes, por primera vez, de que el duro camino había llegado a su fin.

Lágrimas, cansancio, amalgama de emociones…

Aplaudimos, aplaudieron. Agradecieron y abrazaron a su director, quien intentando sacar el cuello de un mar lleno de húmeda emoción no podía más que girarse hacia ellos y agradecerles todo el esfuerzo con cada una de sus lágrimas.

Bajó el telón y esta vez para siempre. Sólo hay un primer día para el estreno.

 

¿Y ahora qué?

Cómo decía el gran Freddy Mercury…The show must go on…Tras ese estreno llegará la realidad de su rutina diaria. Dos funciones diarias durante 5 meses de martes a domingo, 12 funciones semanales, 36 horas subidos al escenario. Probablemente la calidad del espectáculo mejore en algunas cosas, en otras no, fruto de la experiencia, conocimiento, ensayos, errores, aciertos… pero también habrá días donde cada uno, con su secreta obra de teatro personal, experimente su propia montaña rusa de emociones. Días donde surjan conflictos entre bambalinas, días arriba, días abajo, sonrisas congeladas para el acto, pero cumpliendo con profesionalidad su objetivo. Porque así son las cosas.

No se esta historia donde os traslada, pero a mí me traslada a cualquier empresa de cualquier sector, en cualquier momento y en cualquier lugar.

Intentad pensar en vuestro entorno profesional. Trasladadlo a un éxito reciente, al arranque de un proyecto, al inicio de una nueva relación laboral…y ahí tendréis lo que hay y lo que habrá. Preguntaros ¿Qué me hizo sentir? ¿Cómo estaba el equipo? ¿Qué ambiente vivimos?

Y aquellos que, como yo, veláis por las personas, ¿Qué lugar ocupamos en todo esto?

Sin duda, el de directores de esa obra, el equipo de luces y de sonido, de atrezo, maquillaje, vestuario y todo aquello que ayude a que cada uno de los protagonistas de lo mejor de sí mismo. Siendo aquellos que se mantienen ocultos en todo momento dando el protagonismo al verdadero actor de la obra, pero que se giran para aplaudir a sus artistas por el esfuerzo realizado. Haciendo que cada día cuente, ofreciéndoles grandes sensaciones, motivando a los equipos para que cada día sientan que están en su gran estreno. Y sobre todo respetando que habrá días en los que el carrusel de la montaña rusa estará abajo del todo y su actuación no podrá ser excelente.

Nuevamente se baja el telón, pero esta vez sólo para el entreacto… The show musto go on.

YO TAMBIÉN TE DENUNCIO A TI, CEO.

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Imagino que a estas alturas este vídeo que os muestro habrá dado la vuelta al mundo y lo habrás visto en distintas redes sociales. No obstante, quiero tenerlo en mi blog para poder recurrir a él cuando sienta que me he quedado anclada para poder volver a sentir lo que sentí el otro día cuando lo vi por primera vez.

https://www.youtube.com/watch?v=3YF_xy3atic

¿Cómo os quedáis al verlo? Supongo que muchos de vosotros como yo, impactados.

Mi artículo no trata en sí mismo sobre el contenido del vídeo. Sigo siendo fiel a mi blog y lo que pretendo con él. Pero sí trata del refuerzo de mi propia creencia y lucha. Me motiva y convence para seguir creyendo en lo que hago y lo que puedo llegar a hacer. Me anima, sobre todo, a no tirar la toalla. Quiero seguir siendo la voz de todos aquellos trabajadores que con su esfuerzo diario mueven el mecanismo de cualquier empresa, quedándose en la sombra.

Y hoy alego:

·        A ti CEO que mueves los hilos desde tu cubículo, sin salir al escenario de la realidad. A ti, que ves los números desde el ordenador, pero no entiendes la matemática humana que los ha convertido en materia. Tú, que pretendes cerrar el mes con cifras positivas, pero con números rojos en valores. Tú, que determinas la entrada, la salida, los descansos, los cafés, las aguas, las vacaciones, las normas, las barreras. Tú, que no permites el cambio, cuando todo ha cambiado. Tú, que buscas el futuro anclado en un pasado borroso ya. Tú que te conviertes en el dueño de la vida de tus robots de carne durante 8 horas diarias y algunas otras de regalo.

·        A ti CEO que buscas el nuevo talento y que, una vez contratado, lo robotizas arrancándole la espina dorsal, los ojos, los intestinos… y su corazón, como si de un pez se tratara. Tú, que conviertes la carne en hojalata, así como Pinocho paso a ser de madera. ¿Qué buscas realmente cuando hablas de talento? ¿Lo quieres de verdad o sólo buscas ampliar la longitud de tu mano para llegar hasta donde no alcanzan tus dedos?

·        A ti CEO que apoyas tranquilo la cabeza en tu silla cuando ves que el resultado ha sido bueno, pero no miras cómo ha sido de duro el camino para alcanzarlo. Tú, que pretendes mirar hacia otro lado ante la lucha y el barro que ha impregnado las manos de los que lo han conseguido.

·        A ti CEO que el progreso, la creatividad, la innovación y la independencia te suenan a película de ficción; mientras miras con ojos amenazadores, como un gladiador a su próximo rival, cualquier crítica constructiva que te puedan hacer. Quieres el nuevo talento para ser movido por tus hilos, para moldearlo a tu imagen y semejanza, para quitarle sus ideas y transferirles las tuyas, pero esas marionetas dejaron de existir.

·        A ti CEO que valoras a todos por igual, sin entender que cada uno es distinto. Que utilizas el mismo molde sin importarte si encaja o no. Tú CEO que metes a presión en ese molde el deseo y motivación de cada uno, convirtiendo sus esperanzas en desgastada plastilina.

·        A ti CEO que finges querer cambiar las cosas, buscando la foto de “familia” perfecta, pero con un negativo… más negativo aún.

·        A ti CEO que vendes una unos valores de manual moderno, pero de un libro que ya cumplió su centenario.

Y es por todo esto por lo que yo te denuncio a ti, CEO… Por no creer en las personas, ni entender cómo funciona el talento. Por no entender que el talento no tiene alas, pero puede volar cada vez más alto. Por no entender que se puede crecer a pesar de medir lo mismo. Por pretender entender a todos, sin entender a ninguno de ellos. Por no adaptar los ojos a la luz de la nueva realidad. Por perpetrar leyes hoy insostenibles, mañana imposibles. Por cortar patrones idénticos cobijado en falsas excusas. Por impedir que las personas destruyan el eslabón que los ata a un pasado que nunca volverá.

PD: Si eres CEO y te has sentido ofendido…tal vez necesites un cambio.

MARATÓN MENTAL: YO EN ESTADO PURO.

yo

El otro día viví una situación muy curiosa. Al final, como es habitual en mí, desató una maratón de ideas…Este artículo es distinto a los que suelo escribir. De hecho, no puedo llamarlo artículo como tal sino algo que surge tras una anécdota real y el desencadenamiento de una rave mental. Os muestro un poco de mí, bocetos que me ayudan a construir, atisbos de los que puedo sacar conclusiones.

Parte 1: LA ANÉCDOTA

Tenía que realizar un taller con los colaboradores de una empresa, un taller de innovación para encontrar nuevas líneas de organización. Pero bueno, esto no viene al caso. Llego al hotel:

  • Yo: Buenos días, tenía reservada una sala a mi nombre.
  • Hotel: Sí claro, Señora (¿señora?), pase por aquí. Tiene reservada la sala Belice para 8 personas.
  • Yo: No, ha debido haber un error. Somos 28.
  • Hotel: Bueno, no se preocupe Señora (¿otra vez?) llamo a eventos y lo reorganizan en un momento. Hemos dispuesto el proyector y la pantalla como necesitaba.
  • Yo: Pues…es que no necesitaba ni proyector ni pantalla.
  • Hotel: ¡Uy, no damos ni una! ha debido haber otro error. Enseguida se lo quitamos. Le informo de que el café para el descanso se hará a las 11.
  • Yo: Nosotros no hemos reservado café. Saldremos fuera a tomarlo como parte de la jornada. Disculpa un momento: ¿Seguro que esta sala es para mí? Nada encaja con mi reserva.

Entre tanto entra un tercero en escena.

  • Tercero: Hola, vengo al curso.
  • Yo: Hola bienvenido, hay un pequeño problema de reorganización de mesas, pero lo arreglarán pronto. Si quieres mientras ir a tomar un café.
  • Tercero: No, ya he desayunado. Gracias. A todo esto ¿tú eres…?
  • Yo: Soy Ainhoa, la consultora.
  • Tercero: No, perdona, el consultor soy yo.

Hotel: Usted viene a impartir una jornada de innovación, ¿Verdad?

  • Tercero: No, yo vengo a impartir la de “Conectando desde la emoción” para
  • Yo: La de innovación soy yo.

Ambos miramos a “Hotel”.

  • Hotel: Señora (y dale…) acompáñeme, tenemos su sala lista en otro lado.
  • Yo y tercero: adiós, encantado.

Así pues, me marcho con mis bártulos a mi sala. Comienzo a recibir a los participantes, nos conocemos de varios años. Besos, abrazos, expectativas… Al rato de comenzar la sesión me dice una de las participantes:

  • Participante: Cómo me alegro de estar aquí y no en la otra sala. Aquí estamos más a gusto, “como en casa”.
  • Yo: Ja, ja, ja ¿Por qué dices eso? No me pelotees que no voy a poner nota.
  • Participante: No, porque nada más llegar nos ha recibido un Señor (¡toma, ahora te toca a ti!) y nos ha dicho “Este es el curso de los jefes, los que no lo sois vais a la otra sala”. Y nos hemos quedado un poco “así” (pone cara de pez globo).
  • Yo: Yo (soy incapaz de definir mi cara en ese momento, puede que como la del emoji rojo del WhatsApp) también me alegro de que estéis aquí, ¿sabéis por qué? Primero porque lo vamos a pasar infinitamente mejor y segundo porque lo que hagáis aquí va a servir para que los “jefes” que están allí sean mejores jefes…
  • Participante: Si, pero ellos tienen café.
  • Yo: Esto lo arreglo yo de un plumazo: ¡RONDA DE CAFÉ PARA TODOS!

Parte 2: Mis maratones mentales

De camino a casa suelo hacer un repaso de todo lo que ha pasado a lo largo de la jornada. Estoy satisfecha, muy satisfecha. Creo que ha sido un éxito y no por mí, sino por el esfuerzo y dedicación de los que han participado. Sí, de esos que no son jefes, pero han construido como si la empresa fuera suya.

Todo esto me llevó a mil pensamientos, infinitas divagaciones. Los que me conocéis ya sabéis que mi cabeza no para. Siempre me planteo todo, pensamientos que vienen, que van, que fluyen, que resurgen, que mueren, cosas obvias y normales que de repente un día se encienden en mi cabeza y les busco un lugar, una explicación. (Supongo que mi madre aún recordará el día que le dije “Tú, realmente por qué eres mi madre” “por qué estamos aquí las dos”) … Bien, esto me ha pasado de siempre.

Según volvía en el coche, de camino a casa, me dio por hacer una macro fiesta cerebral y mi cabeza no dejaba de saltar de un lado a otro. Cuando llegué a casa estaba exhausta de mis idas y venidas. Decidí anotar inmediatamente algunas de las ideas que se me fueron ocurriendo a lo largo del trayecto, me pareció un buen material para escribir algún día.

Así que aquí os dejo mis chaladuras concatenadas, dudas que me venían, respuestas que no salían… yo en estado puro.  No esperéis nada hilvanado, no esperéis una historia de principio a fin, no esperéis respuestas y por supuesto, olvidaos de la lógica y el orden por un segundo; mi cabeza no funciona así. Mi cabeza realmente es esta:

Idea de partida: ¿Por qué se nos hincha el pecho como palomos cuando somos o estamos rodeados de jefes?

Idea 0: ¿Por qué no neutralizamos los títulos, las tarjetas de visita y nos presentamos como personas con distintas responsabilidades en una empresa?

Idea 1: No quiero que nadie se sienta ninguneado o infravalorado por no tener un “status” social en la esfera alta de un organigrama. Vale más lo que hacemos que lo que somos.

Idea 2: El ser humano necesita alabanzas y aprobación del resto para sentirse realizado. Hemos perdido la autenticidad, somos el producto de lo que otros quieren ver y cuando lo ven piensan ¡Qué poco natural!

Idea 3: Muchos comentarios “profesionales” llevan ocultos un mensaje comercial, ya sea de un producto o de uno mismo. Literalmente: nos vendemos en multitud de ocasiones.

Idea 4: Pedimos innovación y creatividad a los colaboradores, pero luego cuando proponen se enfrentan a la barrera del NO. ¿Qué sentido tiene?

Idea 5: Ahora se han puesto de moda los anuncios de ofertas de trabajo a través de vídeo. Algunos originales, otros tantos, forzosamente forzados para seguir una corriente que no va con ellos, ni con su imagen, ni con su filosofía. Qué importante es actuar como somos y no como deberíamos ser. Qué importante es ser fiel a unos principios.

Idea 6: ¿Las reflexiones afirmativas y totalitarias que hacemos en Linkedin son fruto de nuestras ideas o hay estudios detrás que las corroboran? Yo nunca pretendo cambiar el mundo con mis artículos, sólo quiero expresar lo que siento.

Idea 7: Como decía Sam Walton, pero a mi forma: nos gastamos millones en publicitar nuestra marca y todas sus bondades, pero jugamos al todo vale con precio de saldo en la contratación de quien va a representarnos.

Idea 8: ¿Pensamos realmente el impacto que tienen nuestras publicaciones? ¿Sabemos a dónde llegan?

Idea 9: ¿Por qué nos empeñamos en mostrar imágenes de ositos o leones para ilustrar cómo debería ser el comportamiento humano, cuando realmente esos animales actúan por otros instintos y motivaciones? (Quien no haya visto el vídeo del osito aún se merece un aplauso).

Idea 10: Reflexionar 10 minutos es un hábito saludable (¡hoy “lo peto”!). Creo que el exceso es lo opuesto. Me arde la cabeza.

Idea 11: Yo no “Busco talento” como si estuviéramos en una película del Oeste con el SE BUSCA y la cara de Clint Eastwood. Yo busco personas que quieran, puedan y sepan. De detectar y desarrollar su talento ya nos encargaremos luego.

Idea 12: Qué bien se siente uno cuando habla sin tener que esconder quien es. Yo en mi blog lo hago, me libera. Lo siguen 8 personas, para mi vale tanto como si lo siguieran 400. A todas intento darles lo mejor de mí y cada artículo es por y para ellas. Soy afortunada.

Idea 13: Quiero las condiciones de las películas americanas: se levantan, desayunan en familia lo que yo puedo comer a lo largo de todo el día (huevos, tortitas, café, zumo recién exprimido con toda su vitamina, cereales y hasta un dinosaurio si se pone por medio) (revientan), preparan las distintas tarteras, van al colegio, dejan a los niños, luego al trabajo, no hay atasco, aparcan en la mismísima puerta, hay sitio… ¡Dios mío! ¿qué he hecho mal? ¡No encuentro aparcamiento nunca ni en mi garaje!

Idea 14: Un trabajador se siente orgulloso de haber trabajado 14 horas el sábado y 14 el domingo. Lo ha publicado junto con un regalo que le ha hecho su jefe por el esfuerzo. Leo críticas y alabanzas. No sé dónde posicionarme. Prefiero pasar a la siguiente noticia. Todo tiene su lado bueno y su lado malo.

Idea 15: Qué beneficioso sería aprovechar los ciclos circadianos. Lo triste es que no tenemos tiempo para pensar en ello. Qué ironía, ¿verdad?

Idea 16: ¿Quién inventó que la semana laboral debería ser de 40 horas? ¿En base a qué se hizo ese cálculo? ¿Por qué no 32, 38, 44…? (mejor no dar ideas, a ver si voy a tener más seguidores, jefes, y la liamos).

Idea 17: Seguimos sin cambiar una ecuación perfectamente demostrada: + horas de trabajo no es igual a + productividad. El que apaga las luces muchas veces no es necesariamente el que más ha trabajado si no el que más ha gastado (su tiempo y luz). La eficiencia debería medirse y premiarse de otra manera.

Idea 18: Mil vídeos, anuncios y post de actos heroicos, que si los analizas en profundidad no son más que gestos que deberían ser naturales en nosotros. Triste cuando lo natural se convierte en algo que requiere de alabanza para ser reconocido.

Idea 19: ¿Cómo motivar a mi equipo? Sencillo, preguntándoles qué les motiva.

Idea 20: Hay tantas cosas que no se pagan con dinero, que el salario emocional debería ser otra partida más de la nómina.

El objetivo final de la jornada que impartí ese día iba de preguntar a los héroes del día a día qué hacer para mejorar en la empresa. Y darles tiempo para hablar ellos mientras yo escuchaba sus inquietudes, qué necesitan. No me sentía orgullosa por su status, sino por lo que sabía que iban a construir juntos. No, ninguno llevaba tarjeta de visita y las corbatas no eran mayoritarias en la sala. Pero estábamos repletos de ilusión y motivación. Innovamos, creamos e inventamos.

Llegamos a conclusiones, salieron grandes ideas. Y, sobre todo, reímos; nos reímos de nosotros, de nuestros jefes y de los jefes de nuestros jefes mientras se tomaban su café al solecito.

Hotel: Gracias por su visita, Señora (¡puuuffff! al final la tenemos).

 

 

¡FELICES FIESTAS Y FELIZ EVALUACIÓN DE DESEMPEÑO!

Me adelanto 6 semanas. Lo se, estoy impaciente.

¿Os he dicho alguna vez que me encanta la Navidad? Pues sí, soy su fan number one. Me encanta la decoración, las luces, las castañas, el roscón ¡Hasta el frío es menos frío en Navidad!

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Me gusta tanto que he decidido añadir otra tradición más. Ahora cuando llega diciembre ya no pienso sólo en pastorcillos, villancicos, turrón, bombillitas o panderetas. Ahora, como parte del decorado y festejos varios navideños, pienso también en la Evaluación de desempeño. A veces, el dichoso proceso se puede llegar a convertir en una especie de pan gallego relleno de polvorones almendrados, pero nada que no pase con buen espíritu, buenas tragaderas y una copita de champán.

Hay tanta variedad como tradiciones navideñas, así que hoy me he propuesto escribir mi artículo basado en algunas de esas tradiciones en cuanto evaluación del desempeño se refiere, que nos podemos encontrar.

Momento de preparar y organizar los festejos.

Hay que decidir qué se va a hacer, cómo se va a hacer, qué hay que preparar. Yo aquí os identifico cuatro estilos de evaluaciones de desempeño que nos podemos encontrar. Hay muchas modalidades, pero estas reflejan la inmensa mayoría. Para darle un carácter más navideño he decido presentarlas con nombre de villancico:

  • Evaluaciones de desempeño “Pero mira como beben los peces en el río”. Desde la barrera. Lanzamiento masivo del cuestionario a responsables. Recogida de datos. Informe al participante por correo. Fin.
  • Evaluaciones de desempeño “Ro po pon pon”. El peregrinaje de los consultores (ojo, que yo soy pastorcilla desde jardín de infancia y a mis 41 sigo con el zurrón). Vienen desde fuera a evaluar el desempeño de la empresa. Recogida de datos. Informe a RRHH quien lo deriva, o no,  a los responsables. Fin.
  • Evaluaciones de desempeño “Ande, ande, ande la marimorena”. Popurrí navideño. Las que se hacen combinadas y mezclan diversos estilos, modelos y formas. Imposible recogerlas todas en un artículo ya que son infinitas. Algunas muy válidas y otras no tanto. Fin.
  • Mis favoritas “We wish you a Merry Christmas” cohesionadoras y motivacionales. Evaluaciones en las que interactúan varias personas, se recogen datos, se analizan, se hace un informe y el superior directo se reúne con cada colaborador para trabajar juntos en un plan de desarrollo personal. RRHH, en ocasiones apoyado por una empresa especialista, apoya cada uno de los pasos e interviene en cualquier momento que sea necesario. Se le da continuidad 365 días. ¡Así, el espíritu navideño nunca muere!

Momento de ejecutar lo planificado.

Ha llegado el ansiado momento. Hay que ponerse manos a la obra. Ya les llega a los responsables la invitación para cumplimentarlas (salvo en la opción 2 que hemos visto anteriormente). Nuevamente volvemos a encontrarnos formas, y formas, de hacerla. Así que aquí os presento tres perfiles erróneos a la hora de cumplimentar la evaluación y uno que os identifico como mi favorito (regalo de amigo invisible).  Seguimos utilizando villancicos, para no perder el ritmo:

  • Los  “a mi fun, fun, fun. Los que pasan completamente de todo esto de las tradiciones y la evaluación. Los que consideran que no vale para nada. Los que creen que les quita tiempo. Los que creen que RRHH no tiene nada mejor que hacer. Los que llega la fecha límite y no han empezado si quiera. Los que una vez que se les ha echado el tiempo encima deciden entregar las claves o impresos a los colaboradores para que ellos mismos se autoevalúen, con la perfecta excusa del “confío en tu honestidad o el nadie mejor que tú para hacerlo”.
  • Los Noche de paz, noche de amor”. Que pasan por el proceso de puntillas y evitando el conflicto. Deciden hacer una evaluación con una medición central en la que ni mucho, ni poco, para que todo sea paz y armonía.
  • Los “Adestes fideles”. Aquellos que la cumplimentan perfectamente en tiempo y forma. Metódicos, concentrados, pensando en cada una de las preguntas y analizando en profundidad cada una de las respuestas. Fieles seguidores de la tradición que no salen del esquema ni se adaptan según cada perfil. Pero ojo, capaces de caer en el efecto halo o proyecciones indebidas.
  • Mi regalo. Si yo tuviera que decantarme por una Evaluación perfecta sería el “beben y beben los peces en el río”. Significa que “nos mojamos”, que entramos al terreno de juego, que nos involucramos con cada participante y le damos lo mejor de nosotros para extraer lo mejor de ellos. Que somos objetivos y somos capaces de transmitirlo correctamente. Porque, como los peces, nos movemos en bancos, en equipo, lo que significa que vamos hacia nuestro objetivo juntos, persiguiendo el logro, detectando áreas de mejora y trabajando juntos para alcanzarlas.

Momento de “Ya vienen los Reyes magos”

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Sin duda el momento de la verdad. El descorche de la botella, la verdadera prueba de fuego, el momento más mágico de las navidades: los Reyes Magos.  Ahí es cuando veremos si hemos sido buenos o malos, si nos dejan juguetes o carbón.

¿Recordáis cuando de pequeños nos sentábamos en las rodillas de Baltasar (el mío) a contarle si habíamos sido buenos o malos, o a pedirle lo que tanto deseábamos nosotros y nuestros hermanos? ¿Os acordáis cuando nos daba consejos o nos guiaba para que el próximo año lo hiciéramos mejor? Pues esos, justo esos, fueron nuestros primeros encuentros con eso del feedback.  ¡Fijaos lo visionarios que eran ya Sus Majestades!

Este ejercicio de comunicación, y autoanálisis, es exactamente el mismo ejercicio que se debe hacer tras la evaluación de desempeño. Ese momento de reflexionar, comunicar, valorar, adquirir compromisos, valorar los logros obtenidos… nos regala el momento más valioso y fructífero de todo el festejo.

En este día “de Reyes” (feedback) podremos:

  • Comentar con cada colaborador el resultado de su evaluación, identificar aquellas áreas en las que mejorar, y felicitar por aquellas en las que ha obtenido grandes logros. Se creará un vínculo de confianza y seguridad valorando nuestra contribución a la empresa.
  • Establecer, conjuntamente, los objetivos que se pretenden alcanzar el siguiente año. Se obtendrá un mayor enriquecimiento de la responsabilidad de cada trabajador hacía su tarea,  adquiriendo compromiso con el trabajo propio y ajeno.
  • Dar paso a una charla en la que conversar sobre cualquier otro aspecto o inquietud que pueda tener nuestro colaborador. Se crearán canales de comunicación y cooperación que redundarán en la motivación y el sentido de pertenencia hacia la empresa.

¿Hay algo más mágico que esto? ¿Puede haber mayor espíritu de armonía empresarial?

Ahora, ya sólo puedo desearos…¡Feliz Evaluación de desempeño!

cascabelesG

A Belén pastores, a Belén…..lalalalala….

IMPACTO

El sábado leí una triste noticia. Me ha afectado tanto que no he podido dejar de darle vueltas todo el fin de semana. Hoy mi artículo va dedicado a ello; a ellos.

Dos adolescentes deciden suicidarse habiendo previamente advertido en redes sociales su intención de hacerlo. Cuando expertos llegan a la zona, sólo consiguen frenar a uno de los dos. Para el primero ya es demasiado tarde. La segunda persona mientras era “reducida” insistía en ser fotografiada para subirlo a las RRSS. No quiero profundizar más, creo que no es necesario. Sirva esta triste noticia, con todo el respeto que merece la situación, para escribir mi artículo de hoy, aunque sea desde mi enfoque. Hoy este dolor también es mío, porque soy tan culpable como los demás.

¿Qué está pasando? ¿En qué nos estamos convirtiendo?

Tantos, tantos, pero tantos mensajes subliminales y “liminales” por todos lados que es un aturullo de información que viene y va. Mensajes dirigidos a la, casi, obligación de posicionarnos por encima del resto, a destacar, a imponernos… Mientras nuestro ego se va inflando e inflando, alimentándose sólo si es ganador y sin valerle el mero hecho de participar en el espectáculo, lo que lo convierte en un perdedor.

Todos tenemos culpa, de una manera u otra. Y yo quiero hacer mi reflexión desde donde puedo ser cómplice.

Esta carrera de fondo del posicionamiento personal (marca personal lo llaman algunos) pasa por auto-publicitarse para ser visto. La sencillez ya no vale. Los tímidos, tradicionales, vergonzosos, apocados, humildes y modestos ya no tienen cabida. Desde el mismo momento en el que tienes que crear tu CV comienza la lucha.  Ya no vale decir sólo quién eres de verdad y de donde vienes; ahora hay que decorarlo, tanto, tanto que la paleta de colores se queda pequeña. Tienes que venderte en un panfleto churrigueresco llevando tu ego a la lujuria más extrema.

Ahora la clave está en “IMPACTAR”; si no lo haces, eres invisible. Los “compartir” y “me gusta” se han convertido en la esencia del día a día.

Algunos mensajes que he visto hoy mismo en RRSS:

·       Planea tu futuro para evitar el fracaso.

·       ¿Qué impacto eres capaz de llevar a cabo?

·       Si quieres destacar, impacta a los demás.

Interesantes todos ellos, pero peligrosos en manos de según quién y según qué momento. La vulnerabilidad de cada uno no es impactante por sí misma, pero sí lo es la huella que sobre ella pueda impactar. Flirteamos con quienes no somos, coqueteamos con deseos sin percatarnos de lo afilada que es la realidad. Hablamos en mayúsculas sin que la voz emita sonido alguno y logramos alcanzar el éxtasis de la pretensión más ansiada.

CV imposibles de leer porque describen un continente vacío de contenido, atrayendo visualmente cual imán, pero sin atrapar ningún metal. Un cóctel de palabras rimbombantes para que el “Specialist in creativity and innovation management for luxury and wellness sales” consiga el increíble, pero sencillo, puesto de “Vendedor de productos cosméticos”, del que parece que nos avergonzamos socialmente.

Pero la culpa no es del que quiere impactar, ni mucho menos. Es de los que exigimos que impacten. Nos cuesta entender que la innovación, la creatividad o incluso ese impacto no consiste en complicar las cosas y ponerlas del revés; consiste en hacer las cosas más efectivas, o diferentes, buscando la adaptabilidad a los tiempos que corren. No todos somos creativos, ni innovadores, ¿Por qué tenemos que estar todos cortados por el mismo patrón?

Existen tantos talentos…

No sólo se necesita la creatividad y la innovación, eso dejaría una laguna inmensa de carencias en habilidades y competencias. Adaptémonos realmente a los tiempos que corren y entendamos que hay tantas realidades y alternativas como personas en el mundo. Captemos lo mejor de cada uno, ese es el impacto.  No nos compliquemos la vida pensando que si logramos la idea más rocambolesca obtendremos mejores resultados.  Hay ideas increíbles que sólo cambian en una coma lo que se venía haciendo hasta ahora, pero sólo esa coma es capaz de aportar un valor incalculable.

Dejemos el concurso, abandonemos la lucha constante por ser “yo más”. Seamos más siendo sólo nosotros mismos. En la transparencia está el logro y en la humildad de la aceptación, el éxito que nos animará a seguir creciendo.

Las RRSS ofrecen un increíble mundo ante nuestros ojos, a veces no tan reales como queremos creer. Indudablemente nos han facilitado las cosas y tenemos a un click la respuesta a muchos problemas. Pero son un arma de doble filo, son el antídoto contra la sencillez y el Photoshop de la vergüenza. Ponemos, quitamos, estiramos, agrandamos como les gusta a los demás y dejamos en el cajón el valor y el sentido de quienes somos.

Un adolescente ha muerto para crear impacto social. En mí lo ha conseguido, pero desde el idilio más devastador.  Ese que te hace reflexionar quitándote la máscara, mostrando tu vergüenza y dejando que las lágrimas, por una vez sin esconderlas, caigan en cascadas de culpabilidad por el rostro. Ese que te aconseja dejar de buscar el impacto en los demás a través de fórmulas encriptadas en el cínico teclado que manuscribe lo que pretendemos ser.

Quiero aprender de esto. Trataré de impactar siendo lo que soy y me dejaré engatusar por el talento de aquellos que no generan impacto pero que pueden llegar a enamorarme también.

¿POR QUÉ?

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Porque cuando nos quitamos la chaqueta, la corbata o los tacones y cerramos la puerta de casa detrás de nosotros, todos somos iguales.

Porque la corbata y los tacones que nos ponemos cada la mañana, no marcan quienes somos en el tablero de la vida.

Porque en la vida todos tenemos las mismas inquietudes vitales, aunque distintas inquietudes emocionales.

Porque nuestras inquietudes vitales vienen identificadas en la pirámide de Maslow del S XXI y ésta sugiere las mismas calidades primarias para unos y para otros.

Porque la calidad de las personas no se mide en dinero, posición o estatus sino en kilómetros de comportamientos y actitudes.

Porque nuestras actitudes nos llevan a teclear en el correo miles de veces: “necesito” y “quiero” y han dejado en el silencioso buzón de spam ese “gracias” tan necesario.

Porque en ese correo muchos “holas y adioses” se omiten, muchas palabras se acortan, muchos textos se resumen en busca de la eficacia más ineficaz.

Porque la ineficacia es aquella en la que decimos sin decir nada, pero sentimos que lo hemos dicho todo.

Porque cuando decimos correctamente, la educación es la mejor habilidad para acelerar procedimientos y conseguir lo mejor de los demás.

Porque en los procedimientos la pereza de algunos procesos son la urgencia de los procesos de otros.

Porque la pereza para reflexionar parece que le roba al tiempo un ratito de su esencia, y ese es precisamente, el tiempo que puede tomarnos decir sí o no a la decisión más importante de nuestra vida.

Porque pedirle prestado al tiempo un segundo de su tiempo, no es más que ser agradecidos con el regalo que nos hace cada día.

Porque cada día aprovechamos el regalo de la vida llenando más nuestros bolsillos del alma con insignificancias que no dejan espacio para otras con significado.

Porque no metemos en el cubo de reciclaje esas insignificancias fracasadas, para reciclar lo que sí vale y aprovecharlo nuevamente.

Porque en el reciclaje toda la materia se transforma y no desaparece; sin embargo, estamos empeñados en seguir haciendo lo mismo sin cambiar nada.

Porque cuando cambiamos pensamos que la autorrealización está pensada para auto-publicitarse.

Porque la publicidad del ego está cargada de publicidad engañosa.

Porque ese ego nos limita para darle al botón “OFF” aun cuando el consumo de energía vital nos ha dejado sin batería.

Porque nos cuesta darle al botón “ON” cuando podemos empezar de nuevo.

Porque le damos al botón de “RESET” para reiniciar muchas cosas, pero no somos capaces de darle para perdonar otras tantas.

Porque el “RESET” del mea culpa se entona desde la ignorancia voluntaria de nuestros actos.

Porque cuando la ignorancia se transforma en sabiduría pedimos perdón y nos sobra la chaqueta, la corbata y los tacones, cerramos la puerta de casa detrás de nosotros y nos convertimos en alguien distinto.

¿Vértigo tecnológico?

Veo artículos, mensajes, noticias…todos publicitan, aunque sólo sea por mención, los avances tecnológicos que estamos viviendo. Robots que hablan, robots que hacen entrevistas y analizan si el candidato miente, robots que postulan como el mejor candidato a evitar que te rompan el corazón mientras otro robot lo opera; y sin tan sólo fueran robots…También, máquinas futuristas de hoy mismo que hacen realidad cosas que sólo Spilberg se atrevía a elucubrar, impresoras 3d que son capaces de conseguir prótesis que salvan vidas, no de la muerte pero sí de la infelicidad, gafas que nos llevan a otros lugares, auténticas máquinas del tiempo que recrean espacios y épocas que nunca disfrutamos aunque sí soñamos, espacios de venta auto-gestionados por teclas y accesorios repletos de cables pero con rebajas de sentimientos.

No puedo evitar tener miedo; más que miedo, vértigo. Todo esto está cambiando, muy rápido diría yo. Casi cuando mis ojos se acostumbran a algo nuevo, enseguida llega otra cosa que, a pesar de no tener manos, es capaz de abofetear aquello a lo que me estaba asomando. Es más rápido el cambio, que veloz la adaptación a él; es el sonido que sale de mi voz y que se queda atrapado en la lengua porque otra voz más rápida ha ganado la batalla. Y esta nueva lo silencia, casi lo ahoga, tal vez para siempre.

Atrás quedaron los espantapájaros, las cámaras con carrete, los teléfonos de rueda, el cirujano con sus guantes; hemos abandonado las zapatillas para correr porque ahora rodamos, fotos imposibles porque pájaros voladores, sin pico, pero con alas, ocupan su lugar en el cielo…tan atrás quedó todo que el espejo ya no tiene reflejo si no se ve a través de una pantalla.

Gira, gira, gira…una rueda de vértigo, velocidad, luces y colores que me aturden.

Y es aquí cuando digo STOP, donde respiro; en un mundo que no corre, sino que fluye.

Hoy no quiero tener más vértigo, porque voy a aprender a caminar en esta nueva dimensión, quiero entender que hay cosas que jamás una tecla podrá sustituir y es ahí donde yo me haré fuerte. La vida fue, es y será y yo soy parte de ella. Yo también estoy aquí, de carne y hueso, corazón y sangre, voz, palabras, dolor y alegría.

He encontrado la forma de convivir, lograr la cohesión mental hombre máquina y entender quién es cada uno en la incógnita que nos queda por vivir.

Seguirá habiendo charlas, discursos, citas, besos, abrazos, deberemos seguir cultivando la empatía, porque seguirán existiendo zapatos en los que meternos. Me encargaré de ser para que las máquinas hagan, descifraré modelos conductuales pendientes de descodificar, pondré corazón, donde ellas harán la ejecución, llenaré de voz los silencios prolongados y aportaré calma en los conflictos no programados.

La máquina está aquí, ha llegado y esta vez para quedarse. Pero yo también estoy aquí, y también por un tiempo aún. Sin duda, podrá hacer mi trabajo y tal vez sin margen de error, pero ¿quién pondrá mi ser, mi amor, mi pasión, mis ganas y mi vocación? Jamás podrá sustituir la experiencia que me ha ido regalando la vida, la cual me ha construido pieza a pieza, sentido a sentido.

Las personas podemos regalar algo que no ofrecerá la máquina, experiencias, aprendizajes de la vida que no se encuentran en instrucciones, cercanía, calor y corazón que ofreceremos mientras otros sigan creyendo en el resto. De esto se trata, amigos, de adaptarnos y convivir; de ser capaces de trasladar el núcleo empresarial a un lenguaje humanoide en el que crear nuestro océano azul emocional, enfocarnos al segmento de seres humanos y hacer que las 5 fuerzas de Porter también sirvan para las personas; porque nosotros, también actuamos en el entorno de una organización aún más grande: la vida.

No soy opuesta al desarrollo, todo lo contrario. Lo considero necesario y una fuente indiscutible de éxito y eficiencia. Pero soy aún más defensora del ser humano y lo que puede ofrecer desde la razón y el lenguaje no programable. Creo que son el tándem perfecto, donde la precisión del uno deberá aprender a vivir con el talento otro, la unión perfecta de eficiencia y humanidad.

La vida es como una caja de bombones

Recuerdo haber escuchado en la película de Forrest Gump “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar”.

Cuando nacemos tenemos ojos, huesos y un sinfín de órganos que forman nuestro envoltorio. Sin embargo aún permanecemos intactos y vírgenes siendo un significante sin significado.

La incertidumbre será la evidencia de la pasión, la expectación la vibración de los sentidos y el dilema la incógnita de la decisión. Nos ilustraremos y desarrollaremos a base de errores y aciertos, nos iremos construyendo como ser único en torno a nuestras vivencias y nuestro significado será fiel al envoltorio que nos recubre. Somos los que creemos que somos. Ahí empieza todo.

Forrest tenía razón, no sé lo que me va a tocar, pero sí se lo que quiero alcanzar y hasta donde puedo luchar para conseguirlo. ¡Ojo! no hablo de sueños incumplibles, soy la primera que critica las cascadas inspiracionales, como dije en otro artículo. Pero sí creo que el esfuerzo te ayuda a poder encarrilar la vida hacia donde deseas. Claro, que esto exige un gran esfuerzo para superar el reto ¿estamos dispuestos a ello?

Hay que probar, hay que errar, hay que caer, hay que llorar, hay que luchar, hay que empezar desde cero…el día que no podamos hacer nada de esto, será porque ya es demasiado tarde para vivir una vida que sólo te da una oportunidad.

Si hacemos un ejercicio de autoconocimiento, objetivo y sincero, podemos descubrir lo que no nos gusta de nosotros, lo que es necesario cambiar. Pero también descubriremos lo que sí nos gusta de nosotros. Conocernos, no sólo reconocer en el espejo el envoltorio que nos da forma, sino intentar entender y aceptar el que nos da sentido. Fuimos, somos y seremos y todo ello nos hace hoy, aquí y ahora.

Sí, fallamos innumerables veces, pero de cada una de ellas aprendemos cosas. Sí, también acertamos y la única lectura es “como hacerlo para repetirlo nuevamente”. Intentamos repetir las cosas positivas pero no siempre la situación admite repeticiones…esa es la magia del juego de la vida. Al final, aunque no nos guste nos marca más el error que el acierto. El error nos forja, nos curte y nos endurece, el acierto no es más que la hidratación que ponemos en cada grieta.

Recuerdo que Forrrest dijo otra cosa… “tonto es el que hace tonterías” pero eso lo dejaré para otro día…

¿Un Director de Felicidad? ¿En serio?

Suelo escribir mucho sobre a retención de talento y la motivación. Lo más curioso es que para mí es un recurso inagotable, una fuente de inspiración. Hoy vuelvo con algo que me impactó.

Hace un tiempo leí una oferta publicada; pedían un CHO (Chief Hapinnes officer). Me llamo la atención porque consideré que ya había llegado a nuestro país esta nueva, y tan interesante, apuesta de valor organizacional. Órdago en toda regla, para los amantes del mus.

El CHO es esta persona que debe asegurarse, entre muchas otras cosas, de que la plantilla esté bien, así sin más. Suena fácil ¿verdad? Sigue leyendo.

Su misión es la de investigar, indagar y conseguir que el ámbito laboral deje de considerarse una carga diaria para los empleados de una empresa y lograr un clima sano, o como se dice ahora de felicidad organizacional. Es decir, hacer de una organización un sitio donde querer estar, querer crecer, querer ofrecer lo mejor de ti, aportar valor más allá de las funciones de cada puesto, lograr una cohesión efectiva, lograr un ambiente relajado y distendido en el que el talento interno quiera estar (sin mirar con el rabillo del ojo dónde está la puerta de emergencia más cercana).

Si has leído hasta aquí te planteo una cuestión que me gustaría que reflexionaras ¿Eres feliz en tu trabajo? ¿Te hacen feliz? ¿Qué te haría más feliz en tu organización?

El CHO se enfrenta a una de las tareas más complicadas que existen hoy en día en las organizaciones: dar respuesta a las preguntas que te he planteado. Además, porque es una figura desconocida de lo que puede lograr y porque deberá luchar contra la corriente generacional que nos lleva arrastrando desde hace siglos y donde , por norma general, las organizaciones no están preparadas para poder afrontar el reto y cambio que exige incluir este perfil en la plantilla.

Tendrá un arduo trabajo, minucioso y delicado porque trabajará con lo más valioso que puede tener una organización, con su bien más preciado: sus personas. Deberá conocer uno a uno a todos los miembros de la plantilla y trabajar orientado a cada uno de ellos. Ese es su cliente, él le debe cuidar. Alimentará un Employer Customer Map de cada uno de ellos, porque son sus clientes internos: ¿Qué le motiva en su día a día? ¿Por qué esta aquí? ¿Qué le gusta? ¿Qué deberían ofrecerle otros para que se fuera? ¿Qué le gustaría cambiar? ¿Qué cambiaría de su entorno profesional? ¿Cuál es su FODA profesional? ¿Cuáles son sus logros? ¿Dónde y porqué estaría a gusto? ¿Dónde quiere llegar? y un largo etcétera de cuestiones que podrían ayudarnos a perfilar cada pieza de la organización y nos AYUDARÍA a poder trabajar orientados a ellos.

Todo esto exige a la organización adaptabilidad, reprogramación y reingeniería de procesos y recursos para que todo tenga un éxito lógico y viable. Hay que estar preparados para el cambio, EL GRAN CAMBIO. Desterrar el “todo vale para todos” por igual y reafirmarse en la frase “Yo soy yo y mis circunstancias” donde aquí cobra especial sentido.

Retomando mi comienzo. Como os decía, vi una oferta en la que se pedía esta figura. Leí detenidamente la descripción, me interesaba ver qué forma le habían dado a algo que yo había imaginado muchos años atrás en mi cabeza (podéis llamarme, por una vez, visionaria).

He aquí lo que me dejó desconcertada, pedían un perfil casi autoritario que velara por que no hubiera desviaciones de las políticas empresariales y de los objetivos planteados, que estuviera habituado a trabajar en entornos de alta competitividad y bajo presión. La definición de funciones era irrisoria y completamente alejadas del propósito de esta figura. Era una oferta de los años 80 traspapelada. No hablo de las condiciones que ofrecían, de esto no va mi artículo y además estamos en horario infantil. ¿Por qué usaron el término CHO?

¿Esto se le pide a un Director de Felicidad? ¿Qué felicidad se espera que transfiera a los trabajadores? ¿Dónde quedan competencias tales como adaptabilidad, flexibilidad, gestión de conciliación, planes de desarrollo, encuestas de satisfacción, entrevistas de progreso, orientación a las personas, entrevistas de salida, entrevistas de entrada? ¿Donde quedan las personas? ¿Dónde queda su voz? No había nada de esto, nada.

¿Por qué un director de felicidad? ¿Con qué propósito? ¿Qué deseaban alcanzar?

Nunca lo sabré. Me resultó triste, muy triste. Así no avanzamos.

¿Realmente velaban por sus trabajadores o por marketing linkediano?

De esto, ha pasado algún tiempo. Se que las cosas están cambiando, al menos quiero creerlo. Tal vez no sea necesario llegar a la figura del CHO (los que me conocéis sabéis que no soy mucho de títulos sino de resultados) sino alguien que vele por dar voz, escuchar, cuidar y querer a sus compañeros. Ellos se preocuparán por sacar adelante sus proyectos y él por asegurarse de que trabajan en el mejor entorno posible. Esto es gestionar el talento.

Los 45, el precipicio laboral…

La edad, la eterna barrera vista desde un prisma erróneo. Estamos equivocados, muy equivocados. En la actualidad, tener 45 años parece ser una gran barrera para poder encontrar trabajo ¿En qué estamos pensando? Analicemos el mercado:

Un porcentaje muy elevado de los puestos de trabajo ofertados son de beca/prácticas y alguno que otro formativo. Es decir, hablamos de gente recién titulada o en últimos cursos formativos carentes de experiencia laboral, capacidad reactiva o de resolución de problemas. Nada de esto se enseña en la carrera, no hay una asignatura de “marrones que te puedes encontrar durante la ejecución de un trabajo”.  A cambio de aceptar el trabajo consiguen un mísero salario con posibilidad, remota, de pasar a formar parte de la plantilla.

El resto de publicaciones buscan al candidato idóneo. Perfiles de más de 10 años de experiencia en las tareas descritas en la oferta, que hablen uno, dos o incluso tres idiomas, que tengan algún que otro máster y manejen todo tipo de herramientas tecnológicas. Como plus, se pide flexibilidad horaria, movilidad geográfica y (aunque no se diga en la oferta expresamente) tener menos de 45 años.

Y… ¿Cómo está realmente la sociedad?:

  • Jóvenes que han acabado la carrera con aproximadamente 24 años.
    • Que están estudiando algún máster para intentar conseguir una pole position o para ocupar el tiempo vacío que tiene porque nadie les ofrece nada por ser jóvenes inexpertos.
    • Que comienzan con 25 años como becarios, con una mísera contribución y agradecidos por al menos tener una obligación laboral.
    • Ampliamos a 27 años la beca.
    • Si hay suerte, conseguirán pronto un trabajo mileurista, probablemente sin tener nada que ver con lo que han estudiado y con un pie puesto fuera de la organización esperando que llegue el momento estelar (ya estaremos cerca de los 30).
    • Seguirán viviendo con papá y mamá porque aún no pueden alzar el vuelo con 1000 euros de sueldo y viviendas por valor de 700 euros al mes.
    • Podrán dar el salto, a una mejor empresa y con unas mejores condiciones, e incluso en algo más enfocado a su preparación formativa, que no experiencial, a los 32 ó 35 años aproximadamente.
    • Y ahora les dicen que, una vez que han conseguido todo esto, después de tantas penurias y habiendo sido afortunados consiguiendo un trabajo tan rápido, deben aprovechar para alcanzar el máximo posible pues están a las puertas de quedarse viejos en el ámbito laboral. ¡Tras menos de 10 años, reales, de alcanzar un puesto y unas condiciones decentes donde te permitan absorber experiencia y meterte, realmente, en el juego!
    • Es decir, que cuando alcanzas tu madurez personal y profesional, habiendo potenciado tu valor profesional por medio de formación y experiencia, te dicen que ya estás a punto de no valer porque eres viejo.
  • Perfiles de 35 – 42 años: el verdadero target para la oferta.
  • Perfiles de 43 – 45 años: descartados por respirar.

Cómo dirían los americanos: “What the fuck?”

Señores, hablaré de mi misma, aunque no llegue aún al pantano del hedor eterno de los 45, aunque esté a 4 años del precipicio de mi muerte laboral. Puedo gritar bien alto que ¡Estoy en mi cima profesional! He escalado el Everest, he pasado por todos los campos base y ahora he tocado cima. Miro desde arriba, tengo el cielo a la altura de mis manos y si miro hacia abajo veo el duro camino que he recorrido para llegar aquí, pero ahora ¡he llegado!

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Tengo una dilatada, y actualizada, formación adaptada a los tiempos que corren. Porque tengo tiempo, sin tener que luchar en la contrarreloj a la que sometemos a nuestros jóvenes. Mi situación personal es estable (casada, con dos hijos y un gato) y dentro del entorno laboral estoy en lo alto de la campana de Gauss profesional: se lo que quiero, cómo lo quiero, dónde lo quiero y cuándo lo quiero. Nada me puede distraer ya de esto.

Echando cálculos, cuando tenga la catastrófica edad de 45 años estaré justo en la mitad de mi vida laboral, ¡EN LA MITAD! Es decir, llevaré trabajados unos 20 años, de los cuales el 50% fueron en puestos no relevantes, con poca responsabilidad y sin experiencia para poder coger “el toro que me llegara por los cuernos”. Horas de dudas, incertidumbre, frustración y alguna pérdida de resiliencia.

Ahora, en mi madurez tengo recursos (aprendidos en el trabajo o en las sorpresas que da la vida), capacidad para discriminar y priorizar asuntos, identificando las necesidades reales de cada momento con serenidad y conocimiento de causa.  Puedo liderar equipos y ofrecer un equilibrio mental saludable que me ayude a tomar la mejor decisión.  Todo esto, con 30 años no lo tenía, mucho ha tenido que llover para darme cuenta de muchas cosas. He ganado años, pero también experiencia, conocimiento y alguna que otra arruga.

Hablamos de la fuga de talento cuando hablamos de gente joven que se marcha al extranjero buscando oportunidad; para mí eso no es una fuga, es una manera de enriquecerse personal y profesionalmente, una experiencia por la que todos deberíamos pasar. Tenemos que preparar el mercado para su vuelta, acogerles con los brazos abiertos porque muchos llegarán con 40 años… ¿En serio sólo les quedarán 5 años de vida laboral? Estamos desaprovechan un océano de talento.

Yo utilizaría el término del asesinato del talento a partir de los 45, cuando descartamos candidatos de 45 / 50 años sin tener en cuenta que son, precisamente, ellos los que más podrían aportar en la empresa. Hablamos de personas que como quien dice llevan sólo 10 años volando fuera del nido protector. Personas con un nivel madurativo capaz de enfrentarse, sin temor, a cualquier nuevo reto. Personas que saben lo que quieren.

Estamos quedándonos sin expertos, estamos eliminando a los candidatos que realmente buscan la estabilidad y que tienen la verdadera capacidad de mover los cimientos de la empresa desde una perspectiva madura. Para mí eso no es gestionar el talento, es eliminarlo de manera fulminante. Talento no puede ir asociado a un número. Y ese es el error que cometemos. Hay talento de 30, 35, 40, 45, 50….

Yo no quiero seguir equivocándome, lo siento. Seguiré teniéndolos en cuenta en mis procesos de selección, seguiré aprendiendo de ellos en mi día a día, y espero que, si alguna vez vuelvo a estar en el mercado, alguien tenga en cuenta que estoy en la cima de mi campana, estoy en la cima del Everest.

 

Historia de un brik, historia de innovación

La innovación se puede considerar hoy en día, y en la mayoría de los casos, como una herramienta al alcance de todos que nos ayuda a mejorar procesos o herramientas de las que ya disponemos facilitando la comodidad del consumidor. Tendemos a hacer las cosas cada vez más sencillas, más cómodas pero sin innovación y creatividad esto no sería posible.

Hoy os vamos a hablar de un caso claro de innovación: el TetraBrik.

¿Quién no ha tenido que luchar más de una vez para evitar que el contenido del brik no se desparrame por la mesa al intentar volcar el producto en sus primeros usos? ¿Quién no lo ha puesto todo perdido al darle el tirón a la cinta de aluminio que recubre la ranura de apertura? Hace años vivíamos amenazados por el brik, volcábamos poco a poco el envase cruzando los dedos porque ese primer “chorrito” no se fuera justo al otro extremo del vaso. Íbamos con cuidado y siempre, cuando conseguíamos compenetrar brik y vaso, venía la típica burbuja de aire que nos arruinaba el intento. Así una vez y otra y otra. ¡Hasta hay una parodia de “Los Morancos” sobre el brik de leche!

En esto consiste la innovación, en reconocer dónde se encuentran las debilidades de un producto o proceso y buscar alternativas que ayuden a mejorarlo.

Veamos un poco de su historia.

El Tetra Brik se lanzó en el año 1963 con forma de tetraedro, como un gorrito triangular invertido y que no permitía, una vez abierto, mantenerlo de pié ni cerrarlo; ¿complicado eh?

Hubo que esperar hasta 1983 para tener en casa los briks con la forma que tienen actualmente aunque, eso sí, con algunas mejoras. Decidieron conservar su nombre Tetra Pack aunque su morfología triangular ya no se conservara. Este nuevo avance facilitaba la labor de mantenimiento y conservación del producto ya que su interior de plástico (y el tratamiento térmico UHT) concedía una mayor durabilidad al producto sin necesidad de refrigeración. Hasta esa fecha, y en el caso de la leche, el producto se conservaba en botellas de cristal o incluso bolsas de plástico exigiendo mayores medidas de conservación. Además, ya se podía guardar en la nevera en posición vertical, un gran avance.

Los primeros briks rectangulares que salieron al mercado no disponían de ninguna abertura en su envase. Tenía que ser el propio consumidor quien los abriera con unas tijeras. El problema, entre otros, era que una vez abierto su conservación se ponía en peligro ya que no tenía ninguna posibilidad de cierre y otro de los problemas era que en función de la abertura que se hiciera la “comodidad” para dispensar el producto se veía truncada.

Años después decidieron ponérselo un poco más fácil a los clientes, fabricando los briks con una línea punteada que ayudara al cliente a abrir el brick de manera manual siguiendo los puntos, no se en vuestro caso, pero desde mi punto de vista, no fue un gran acierto ya que finalmente, había que recurrir a las tijeras si no queríamos inundar la cocina entera con el producto.

Rápidamente lanzaron al mercado otra innovación en el producto donde decidieron fomentar el ¡más fácil todavía! Fabricando los briks con una ranura cubierta por una cinta de aluminio la cual facilitaba su apertura aunque ese “abre fácil”, que desperdiciaba bastante producto al dar el tirón, tampoco disponía de cierre para conservarlo.

Finalmente nos plantamos en el momento “hoy en día”. Gracias a su capacidad de innovación y mejora Tetrabrik le dio un giro literal a su producto fabricando los briks con un tapón de rosca que a su vez abre la cinta de aluminio haciendo que el consumidor, con darle un sencillo giro, abra el envase sin desperdiciar producto durante su apertura y pudiendo conservar el producto por más tiempo.

También gracias a este nuevo diseño hemos visto disminuir sustancialmente el derroche del producto cuando estrenamos el brik. Aunque eso sí, creo que aún les queda un poquito más de innovación para evitar el chorrito invasor de encimeras esa primera vez cada vez que “descorchamos el brik”.

Con esta peculiar historia del brik no quiero más que mostrarte que todo se puede innovar. Mira a tu alrededor, mira tus procesos en el trabajo, las tablas dinámicas que has creado, las fichas de cliente, mira cualquier herramienta que utilices en tu día a día independientemente del puesto de trabajo que ocupes. Ahora piensa en cómo conseguir que sean más útiles, más cómodas, más sencillas y ponte manos a la obra. Mejóralas con las alternativas que te has propuesto, intenta sacarles un mayor partido y una vez que lo hayas hecho, sin duda alguna, estarás dentro del mundo de la innovación.

No hay que ser científico para innovar, simplemente debemos ser capaces de salir de nuestra zona de confort y buscar alternativas, aunque al principio cueste que nos ayuden a mejorar. A veces, debemos dar un paso atrás para avanzar, pero ese paso atrás no es más que la fuerza de la inercia que nos impulsará a seguir creciendo.

Si quieres estar “in” 2.0

El 2.0 se ha convertido en la sal de la vida, ahora que se lleva mucho Masterchef seguro que me entendéis. Vamos, ¡estamos hasta en “la nube”!, para quien no lo sepa esto no es estar contemplando la división del átomo, es el nombre 2.0 a la subida de tus datos. Vamos, como cuando eras pequeño y te hacías con la cajita de cartón de las galletas María tu gran “caja de recuerdos”, fotos, cartas, poesías, etc… Carecer de una cuenta de Linkedin, una de Twitter, Instagram o una de Facebook hace que seas el bicho raro de la sociedad. Tanto es así, que hoy en día para pasar un proceso de selección en muchas empresas, por no decir la gran mayoría, hacen un “chequeo médico” de tus redes sociales (profesionales o no) para poder extraer más información acerca de ti. Pero en muchos casos no sólo se centran en aspectos profesionales, sino fotos, amigos, comentarios…

Para saber qué publicar en estas redes hazte una simple pregunta “¿Cuánto deseo que conozcan sobre mí?; si hay algo que no quieres que sea publicado no tienes más que reservártelo para ti y tus amigos mientras os tomáis unas cañas en un bar, nadie te obliga a publicar gritando a los cuatro vientos que mueres de amor por Carolina y que sientes mucho haberla traicionado con Irene, quien fue sólo un desliz de una noche de desenfreno. Conclusión del reclutador “mujeriego, irresponsable, problemas con el alcohol, sentimental y bajo control de sus emociones”.

La vida “pública” de una persona comienza en el mismo momento en el que clica sobre “aceptar” su publicación, subir su foto o abrir una de estas cuentas sin ningún tipo de rigor o criba en sus datos de privacidad (aunque lo colgado en la nube, por muy limitado que esté, no deja de estar ahí y es accesible a los dioses del olimpo y los humanos, algo mañosos, que entienden de estas cosas).

Debemos entender que estamos en esta era y es bueno pertenecer a ella, pero siempre sabiendo utilizar correctamente los recursos de los que disponemos. Como en todo, no podemos ir contra corriente, pero sí podemos aprender a gestionar la información que compartimos. Linkedin es una página de datos profesionales, colgar ahí la foto de la despedida de boda de tu amigo Vicente no aporta nada profesional, sino que probablemente reste, a pesar de que hayas detallado una experiencia astronómica y unos resultados académicos “Cum Laude”. Indicar a quien vas a votar, tampoco es el foro oportuno, puede generar controversia y alguna que otra disputa.

Para aprender a gestionar tu información primero debes saber en qué foro estás publicando, quien lo puede ver y de qué manera puede utilizarse esa información. Si aun así es algo que quieres compartir con tus amigos, elige una red social no profesional (Twitter, Facebook) y vigila que tu foto o publicación sólo la puedan ver aquellos que deseas, de esta manera evitarás visitas inesperadas que te pillen “en pijama”.

Si quieres colgar un vídeo tuyo, cantando en un Karaoke a pleno pulmón la canción de Nino Bravo para Carolina recuerda que has decidido subirla a la nube, no a las nubes, con solo un click y que puede que sea de tal trascendencia social que te veas en Youtube con 332.221 visitas, 256.352 me gusta y más de un comentario poniéndote verde. Ahí ya no hay vuelta atrás, estás “in” aunque si llega a manos de quien no quieres, te aseguro que estarás “out”.

Sin duda alguna, el 2.0 es algo muy positivo y moderno, tanto que ni siquiera cuando hacían películas del futuro basadas en el año 2000 (que años aquellos) se podían llegar a imaginar, pero señores igual que decía la niña de Poltergeist “Ya están aquí…”.

Siempre estará la eterna duda de ¿se nos llegará a ir de las manos?.

“Aceptar”.

EL salario de la felicidad

¿Cuánto deberías cobrar para ser feliz? ¿Es esa una cantidad fija o una cifra a la que te acostumbrarás y después de un tiempo ya no valdrá?

Es muy difícil establecer un salario emocional, de eso sí que estoy segura. De ahí que siempre defienda la postura de la motivación no remunerada como fuente inagotable de motivación profesional y la importancia de recurrir a otras alternativas que en numerosas ocasiones incentivan más que el dinero.

Leo asombrada en las noticias de la BBC que un joven empresario, Dan Price, ha decidido reducir en un millón sus honorarios anuales de 1.070.000 dólares. Sí, tal como lo leéis, ahora cobrará 70.000 dólares.

Según un estudio de la universidad de Princetown el salario de la felicidad es de 70/75000 dólares anuales, ya que según refleja dicho estudio todo salario por debajo de esa cifra sigue dando alguna preocupación a los trabajadores, pero cobrar esa cantidad hace que la gente sea feliz y deje de lado sus problemas económicos.

De ahí que el Sr. Price haya reducido su salario a 70.000 euros para que su millón restante complete la subida salarial de sus empelados y pasen a formar parte del club de la felicidad. Dichosos ellos.

Mi opinión al respecto, supongo que positiva ¿A quién le amarga un dulce? Pero…

Pero no dejo de darle vueltas y pensar en si esta medida no generará descontento e incluso desmotivación en esa compañía. Espero que no aunque he aquí mis razones.

¿Es esto justo para todos sus trabajadores? ¿Se sentirán recompensados en función de su valía? ¿Sentirán igualdad? ¿Serán capaces de dejar de mirar el bolsillo ajeno (el del compañero de la derecha) para mirar el propio y seguir rindiendo de la misma manera? ¿No será una fuente de frustración/desmotivación para algunos?

Todos sabemos que la rivalidad en el trabajo está a la orden del día, todos sabemos que no es tan sencillo como decir “pan para todos”, los menos preparados se sentirán felices, los más preparados o aquellos que rindan más (a sabiendas de todos) subestimados.

Puede que todos cobraran X salario, pero en base a ese inicio se establecen las “normas de circulación de la empresa” es decir nadie valora lo que cobra el de al lado y probablemente ni lo sepa. Pero si de repente hay un aumento salarial para aquellos desfavorecidos en el reparto original  igualando su nómina a los que ya lo cobraban puede generar que estos segundos también quieran un aumento salarial.

La medida me parece cuanto menos sorprendente, aunque si alguna vez me viera en esa situación no se si tomaría la misma decisión o la basaría en medidas de rendimiento para premiar, justamente, a aquellos que más lo merecen. Creo firmemente que cada puesto vale una cifra, pero también creo en la remuneración económica por objetivos y desempeño y en la remuneración no salarial como medida de motivación de equipos (casi antes que la económica la cual es limitada).

Por lo tanto os planteo de nuevo la pregunta con la que comenzaba ¿Cuánto debe ser el salario emocional justo para una persona?

Lo que sí esta claro es que Dan Price  ha pensado en sus trabajadores antes que en él, ha tomado una decisión para favorecerlos y eso si que no tiene precio.

Mi tesoro, mi tesoro…

Invierno, 0 grados en la calle, me pongo la bufanda, los guantes, el gorro, el abrigo y debajo de este no queda ya hueco para otro jersey más. Hace frío, mucho frío. Pero sé que en cuanto pase el umbral de la puerta de la empresa, me sobrará todo, y cuando digo todo es TODO.

Y… comienza la lucha en la oficina, unos frío, otros calor; llega hasta tal punto que se observan cintas adhesivas pegadas en las salidas del aire. La custodia del mando del aire acondicionado es similar al anillo en la película de “El hobbit”… mi tesoro, mi tesoro.

Pasamos de 0 grados en la calle (si el señor del tiempo ha sido generoso) a 30 en la oficina a una velocidad más rápida de lo que acelera un Ferrari en la parrilla de salida (directamente proporcional al tiempo que tardamos en empezar a moquear si la cosa, por suerte, no va a más).

Esta sinrazón de sube baja, pongo quito no debería tener cabida en los puestos de trabajo, aunque lo hayamos puesto en clave de humor, sí es serio decir que las condiciones ambientales del lugar de trabajo afectan de una manera muy directa en el rendimiento. El exceso de calor crea somnolencia y baja el ritmo de trabajo influyendo en el desempeño y productividad. El exceso de frío entumece los músculos creando problema musculo-esqueléticos, así como que reduce la capacidad de concentración aumentando las distracciones. Los temblores llevan a que nuestro cuerpo se centre en solventar la situación por medio del movimiento prestando toda su atención a vencerlo y haciendo que se relaje de tareas ajenas que no tienen nada que ver con su necesidad de supervivencia. Y desde un punto de vista organizacional, todo ello repercute en el absentismo debido a catarros y otras dolencias.

Todo esto se llama estrés térmico, es decir una situación que nos lleva a que nuestras capacidades de desempeño se vean mermadas repercutiendo en los resultados y todo por un aparatito que no se maneja de una manera responsable.

Según la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, la temperatura de los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares estará comprendida entre 17 y 27º teniendo en cuenta que las vestimenta en los meses de invierno crean ya de por sí una capa de aislamiento, permitiendo que se pueda tener una adaptación entre el clima interior y exterior evitando disconfort y estrés térmico a los trabajadores.

Y ahora sí Sr. Frodo, ha perdido su tesoro.