CON UN POCO DE RITMO…

 

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Hoy es uno de esos días en los que me siento tan animada que necesito parar de pensar y dejarme llevar, de esos días que necesito una maratón de música, de esos días que quiero aprovechar el disfrute de las pequeñas cosas, con mi música de fondo a todo volumen y…desconectar.. y desconectar…y… ¡Oh no! Mi profesión me persigue, soy incapaz de escapar de ella…

Ponga lo que ponga me lleva a mi diccionario de competencias, a mis libros, a mi trabajo….y sólo puedo gritar: HELP, I NEED SOMEBODY, HELP, NOT JUST ANYBODY HELP, YOU KNOW I NEED SOMEONE, HEEEEEEEELP!

Para muestra un botón:

  • Síndrome de Burnout (Camilo Sexto): “Yo ya no puedo más, ya no puedo más, siempre se repite la misma historia…Siempre se apodera de mi ser, mi serenidad se vuelve locura y me llena de amargura…”
  • Resiliencia (Enrique Bunbury): “Si ya no puede ir peor, espera que sople el viento a favor…ya solo puede ir mejor, está cerca el momento, espera que sople el viento a favor…”
  • DAFO: D (Machín): “Tengo una debilidad, ay! que calamidad mi vida es un disgusto” y F:  (Cher): So save your breath and walk away, No matter what I hear you say I’m strong enough to know you got to go
  • Cohesión de equipos “USA for América”: We are the world
    We are the children We are the ones who make a brighter day, so let’s start giving There’s a choice we’re making. We’re saving our own lives It’s true we’ll make a better day, just you and me…
  • Retención del talento (KC and the Sunshine band): So please don’t go, Don’t go, don’t go away.Please don’t go, Don’t go, I’m begging you to stay
  • Empoderar al trabajador (Queen): We are the champions, my Friends, And we’ll keep on fighting ‘til the end. We are the champions, We are the champions, No time for losers..’Cause we are the champions of the world
  • Auto-Motivación (Gloria Gaynor): Oh no, not I, I will survive, Oh, as long as I know how to love, I know I’ll stay alive, I’ve got all my life to live, And I’ve got all my love to give and I’ll survive, I will survive
  • Delegación (Patty Smith): The people have the power; The people have the power; The people have the power. The people have the power. The power to dream to rule, to wrestle the world from fools. It’s decreed the people rule. It’s decreed the people rule
  • Asumir responsabilidad (The Beatles): When I was younger, so much younger than today, I never needed anybody’s help in any way. but now these days are gone, I’m not so self assured, now I find I’ve changed my mind and opened up the doors. Autonomía (Sinatra): Regrets, I’ve had a few, but then again, too few to mention, I did what I had to do,  I saw it through without exemption, I planned each charted course, each careful step along the byway, and more, much more than this, I did it my way…
  • Liderazgo afiliativo (Cat Stevens): I was once like you are now, and I know that it’s not easy, To be calm when you’ve found something going on, But take your time, think a lot, Why, think of everything you’ve got. For you will still be here tomorrow, but your dreams may not. How can I try to explain, when I do he turns away again It’s always been the same, same old story, From the moment I could talk I was ordered to listen.Now there’s a way and I know that I have to go away
  • Coaching (Pau Donés): Hace días que me fijo, no sé que guardas ahí dentro, A juzgar por lo que veo, nada bueno, nada bueno. De qué tienes miedo, a reír y a llorar luego, a romper el hielo, que recubre tu silencio. Suéltate ya y cuéntame, que aquí estamos para eso, Pa’ lo bueno y pa’ lo malo, Llora ahora y ríe luego.
  • Conciliación (Mecano): A las cinco se cierra la barra del treinta y tres; pero Mario no sale hasta las seis. Y si encima le toca hacer caja despídete, casi siempre se le haré de día. Mientras María ya se ha puesto en pié. Ha hecho la casa, ha hecho hasta el café. Y le espera medio desnuda. Mario llega cansado y saluda, sin mucho afán. Quiere cama pero otra variedad…
  • Depresión post fin de semana (The mamas and the papas): Every other day of the week is fine, yeah , But whenever Monday comes, but whenever Monday comes, A-you can find me cryin’ all of the time, Monday, Monday, so good to me.
  • Baja escucha activa (Harry Nilson): Everybody’s talking at me, I don’t hear a word they’re saying, Only the echoes of my mind.
  • Trabajo en equipo (Willie Nelson) On the road again, just can’t wait to get on the road again. The life I love is makin’ music with my Friends. And I can’t wait to get on the road again…

Habrá mejores, habrá peores (que me perdonen los melómanos del mi red) …pero no cabe duda de que con música…HHRR is in the air!!!

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Mi querido director: ¿pagas por tiempo o por aporte de valor?

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Queremos talento, queremos innovación, queremos creatividad, queremos gente comprometida, queremos gente responsable, gente dedicada….pero luego somos los primeros en etiquetar a la gente en aquello que “han hecho siempre” sin darles la oportunidad para mejorar, cambiar, realizarse y crecer. ¿Queremos todo esto por necesidad o porque somos muy afines a las modas?

Nunca sabremos si una persona desempeña “X profesión”, por circunstancias de la vida, le llevaron a ello; pero tampoco sabremos, tal y como tendemos a tratar a las personas, si esa persona podría ser de un increíble valor para la organización en otra posición y realizando otras tareas.

Queremos que fluya el talento, pero con las alas cortadas; algo completamente incompatible e incomprensible.

Millones son los mensajes diarios de auto-realización (ya sabéis, los que me conocéis, mi opinión al respecto de estas “frasecitas”), de frases motivacionales que nos impulsan para el cambio, para reinventarnos…y luego cuando alguien lo hace le decimos “¡ah no! es que en este ridículo papel de una sola página, a tamaño arial 10, pone que siempre has hecho X, por lo que no puedo arriesgarme a que hagas Y”…

¿Por qué? Pues porque somos incapaces de identificar dónde está el valor real de las personas. Porque no nos atrevemos a estar en el día a día de cada uno, porque no nos atrevemos a fallar, porque no nos atrevemos a arriesgar, porque no entendemos el concepto de Talento y lo usamos de forma trivial porque lo hemos leído en algún sitio. ¿Por qué somos tan injustos y egocéntricos que sólo hablamos de la famosa “zona de confort” de los colaboradores? Y…¿Qué ocurre con la zona de confort de las empresas? Porque, mi querido director, esa zona también existe en tu forma de gestionar a las personas.

El mercado está cambiando, pero somos incapaces de modificar nuestra forma de gestionar el talento para que este no vuele…porque eso es lo que hace el talento. ¡Volar!, mi querido director, porque viene de la mano del deseo de la gente de crecer, desarrollarse, experimentar, aprender y aportar valor; y dentro de celdas eso no se consigue.

Necesitamos estar continuamente actualizados para que lo que hoy es moderno, mañana sea usual y pasado haya quedado obsoleto. A ese ritmo se mueven las cosas. Al ritmo que se movían las peonzas cuando de pequeños las lanzábamos, y eso somos ahora nosotros, peonzas que bailan al ritmo de quien tira de la cuerda. El talento sólo se consigue con pasión y eso es muy difícil de conseguir trabajando atrapado.

La Gestión por competencias nos ayuda a acercarnos a eso, a identificar los valores, competencias, habilidades, actitudes y aptitudes que tiene cada colaborador para poder hacer una re-ingenieria de recursos y obtener el máximo valor de cada uno de ellos. Será por tiempo, por ganas, por exigencias de producción, por miedo…pero siempre hay una excusa para no hacerlo.

Puede que esto sea el inicio de desmarcar a la gente de sus celdas y empezar a gestionar a las personas por el momento o lugar en el que más pueden aportar a la organización en cada momento. ¿No se trata de esto?

Y esto me lleva a presentaros, para mí, uno de los mejores conceptos que he escuchado y que destierra por completo el término Recursos Humanos…es el concepto “Fuerza Laboral”.

Es momento de reconocer, en esta vorágine de cambios, que el término de Recursos era muy válido en organizaciones pasadas; pero ahora no tiene cabida ya. Nuestros colaboradores son la Fuerza que impulsa la organización, la fuerza necesaria que hace palanca para que las cosas fluyan y se muevan a este vertiginoso ritmo.

Pero esta fuerza exige tener espacio para el auto-desarrollo, exige permitir a la gente desarrollarse, dar lo mejor de sí mismo y ser feliz haciéndolo; pero también exige algo de ti, “Mi querido director”, ser capaz de mover los hilos de una forma más valiente y arriesgada, aunque con más esfuerzo tal vez, para que el aporte sea el máximo en cada momento de una forma ágil, rápida y actualizada dejando las etiquetas para el sector textil.

Aprovechemos todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para que nuestra Fuerza Laboral haga lo que tiene que hacer. Mi querido director, piensa detenidamente ¿les pagas por su tiempo o por lo que producen?

¿TU TIEMPO VALE MÁS QUE EL MÍO?

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Yo no sé vosotros, pero yo vivo rodeada de ministros. No, no ministros “oficiales” sino de esos que se enorgullecen de sus dilatadas agendas pensando que su tiempo es más valioso que el de cualquier otro. Esos a los que hay que esperar, esos que sólo tienen tiempo para aquellas cosas que les interesan, esos que son capaces de mirar por encima de tu hucha de horas como si tu inversión de tiempo hubiera sufrido un corralito, esos que valoran tan poco tu tiempo que lo pisan como si fuera una colilla, esos que se quejan de su falta de tiempo, pitillo en mano con un café bien cargado. Y tras esas agendas sin límite, aquellas caras de agobio y desesperación sólo puedo pensar que: O yo no trabajo o lo hago fatal. Por supuesto, descarto la opción de que gestiono mi tiempo eficazmente ahorrando cada segundo; recuerda que si no resoplas y pones cara de agobio no trabajas.

¿Quién no conoce a…?:

·      Gente que por costumbre llega tarde. Su tiempo es mucho más valioso que el tuyo, ese que ha quedado vacío mientras esperas.

·      Gente que no tiene ni 30 segundos para contestar. Pero sí los tienen para resoplar en tu cogote diciendo lo ocupadísimos que están.

·      Gente que tarda 2 días en darte una respuesta a algo que en su día era urgente. Porque las urgencias sólo tienen una dirección, las urgencias de los demás son menos urgentes.

·      Gente que no participa en determinadas acciones colectivas, total ya hay otros que lo hacen porque tendrán mucho más tiempo que yo.

·      Etc.

¿Acaso crees que mi día es de 24 horas y el tuyo de 22? ¿Quién te ha robado tu tiempo? ¡Busca al traidor! Yo he debido de nacer con una “estrella en el culo” y el día que se hizo el reparto de horas para cada uno fui tan afortunada que me tocaron 24. En cambio, algunos como mi amigo Miguel, tuvieron la mala suerte de nacer sólo con 20 horas diarias. Qué mala suerte, pobre Miguel.

Para mí el tema del tiempo, aunque con excepciones, es una cuestión de poca empatía educación. Me hace gracia la respuesta típica del “no doy abasto” o “estoy saturado” como si el resto del mundo que los rodea no tuviera nada que hacer, como si sólo fuera gracias a ellos que la tierra siga girando.

¿Te gustaría que yo te regalara unas horitas extra para que llegues a las 24 que no te dieron el día del reparto? Entonces, sigue leyendo. Si por el contrario quieres seguir siendo una víctima de tu mala suerte por tener menos horas que el resto del mundo, te agradezco que hayas leído hasta aquí, me siento honrada.

¿Cuántos correos has dejado sin contestar en los últimos días? ¿Cuántas cosas has dejado de hacer? ¿Cuántas tareas no importantes has realizado que te han restado tiempo de lo realmente importante?  No puedo negarte el abuso de los canales de comunicación por parte de algunas personas, lo que corrobora la falta de empatía hacia el tiempo de los demás. Pero hay una regla para la gestión eficaz del tiempo (muy sencilla y conocida por muchos) que puede ayudarte. Identifica las tareas dentro de la matriz urgente e importante y toma una decisión de actuación en base a ello.

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Además, para ayudarnos en la difícil tarea de no procrastinar, tenemos la regla de los 2 minutos, ideada por David Allen. Primero hemos de reconocer que algo que se deja, finalmente se vuelve más difícil. Es como la bola de carne de los niños al tragar, ¿Nunca habéis escuchado el: “se hace bola, mamá”? bien, pues justo de esto estoy hablando.

–         Papa, ¿qué es procrastinar?

–         Mañana te lo explico, hijo.

Hay determinadas tareas que podemos hacer en menos de dos minutos, evitando el simple hecho de que hacer una lista con todas ellas nos llevará más tiempo que el mero hecho de hacerlas en ese instante.

A continuación, os expongo determinadas situaciones que se dan en nuestro día a día y el tiempo que, verificado con un cronómetro, puede llevar hacerlas:

·      Aceptar una reunión (salvo si estás en una operación a corazón abierto) es hacer un click para aceptar/denegar algo que interfiere directamente en el trabajo de otra persona. Si no puedo asegurarlo me pongo como tentativo o lo aplazo con una breve explicación. (1,5 minutos si he de revisar mi agenda y replanificar la cita; si sólo es aceptar 2 segundos)

·      Contestar con un sí o un no una petición sencilla. Si no podemos darle contestación en el momento porque debemos reflexionar sobre ello, házselo saber. (55 segundos).

·      Contestar un correo de agradecimiento. “Gracias” (3 segundos)

·      En caso de estar ocupado y recibir algún mensaje o alguna cuestión que necesita respuesta; escribir por Skype o correo “estoy ocupado” planificando el momento en el que poder tratar el asunto. (1,4 minutos). Poner en tu estado “ocupado” (6 segundos).

·      Atender una llamada para decir “ahora mismo no puedo atenderte, luego te llamo” (3,2 segundos)

·      Contacto humano: preguntar a alguien cómo se encuentra y escuchar su respuesta. (1 minuto, 2 si interactúas)

·      Felicitar a alguien por su trabajo. ¡Has hecho un gran trabajo! (3,7 segundos).

·      Convocar una reunión para tratar algún asunto urgente/importante. (1 minuto)

·      Saludar y dar la bienvenida a un nuevo compañero de tu departamento. (2 minutos)

Reconozcamos que es imposible estar en un nivel de urgencia sostenido en el tiempo, primero porque nuestra propia salud no lo permitiría y después porque no es cierto. Las cargas de trabajo suelen fluctuar o deben fluctuar con una correcta y eficaz delegación. Sí, hay picos altos, pero otros que no lo son tanto. El problema está en cómo consideremos que es nuestro oleaje, si constantemente lo vemos con fuerte marejada o no. A veces, ese punto de vista no es más que una percepción subjetiva, pensando que sin ese ritmo el barco se hundiría (aun cuando el barco se hunda debemos planificar y organizar para tener la mente ágil). En base a esto hay dos verdades aplastantes: 1ª) Tu tiempo es exactamente el mismo que el de aquel que no tiene tu “nivel”, aunque las responsabilidades sean distintas. 2ª) Si has trabajado duro para crear un equipo de trabajo responsable y comprometido probablemente cuando tú no estés, ellos serán capaces de seguir remando.

Aquí entra en juego el Eustrés y el distrés. Es decir, la carga positiva o negativa del estrés que podamos tener. De manera resumida, la carga negativa de estrés (distrés) es algo que puede llegar a limitar nuestras acciones, dejándonos bloqueados o sin poder enfocarnos de manera  eficiente en nuestro desempeño. Por el contrario, la carga positiva Eustrés es justo el nivel de estrés suficiente, no tóxico, que nos mantiene alerta y orientados a la tarea. Algo completamente sano y necesario. Entre ellos, una delgada línea que sólo depende de nosotros.

Así pues, sólo puedo decirte que el momento para empezar es hoy, aquí y ahora. Dentro de un rato será demasiado tarde y recuerda que tu tiempo vale, exactamente lo mismo que el mío.

MI QUERIDO DIRECTOR, DEJA DE DECIR SANDECES Y ¡PONTE A TRABAJAR!

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Tantas impertinencias te encuentras en el día a día que es difícil enumerarlas. Pero hoy os traigo el TOP 5 de las mayores estupideces que he oído a lo largo de mis 17 años de experiencia profesional. ¿Y por qué no? Voy a dejar de ser cobarde y contestar de una vez por todas. Lo sé, ya es tarde para hacerlo a la cara, pero ya sabéis que muchas veces mi prudencia me limita.

Las he enumerado así, pero no significa que  vayan ordenadas según un criterio de analfabetismo laboral, ¿de acuerdo?

Esta vez voy a responder en primera persona, ya que soy yo quien se enfrentó a ellas en muchas reuniones. Claro que no me extrañaría que todos los colegas que lean hoy esto se sientan completamente identificados.

1.      ¿Para qué sirve tu trabajo? ¿Se estudia para eso? Lapidaría frase de manos de un RAP. Mi trabajo sirve para que tus empleados sean felices en su puesto de trabajo. Para intentar que encuentren su sitio y decidan no irse a otro donde les cuiden más. Sirve para que se genere un sentido de pertenencia tal que luego no tengas que ir llorando por los rincones porque te han dejado abandonad. Recuerda que tú los abandonaste primero.  Sirve para que la gente sea capaz de conciliar, sirve para que el trabajo deje de ser considerado como tal y sea visto como una forma de auto-desarrollo, sirve para crear personas responsables y comprometidas que se sientan identificadas con el mensaje que quieres enviar, sirve para que tu negocio crezca por la motivación y ganas de hacer de tus equipos, sirve para analizar el comportamiento de las personas en su entorno profesional,  para identificar todas aquellas cosas que haces mal y corregirlas, sirve para que dejes a un lado los números y pienses en las personas. Sirve para que alguien como yo pelee por cada empleado y los defienda de una mente como la tuya. Sirve para tantas cosas que tu mente, limitada, sería incapaz de imaginar, pero creo que con las que te he dicho son suficientes como para entender que una figura que vela por sus intereses y lucha por un ambiente laboral de calidad es esencial. Sí, para todo esto hay que estudiar, y mucho,  porque exige actualización constante. En mi caso, una licenciatura, 3 Máster (otro en camino), 2 postgrados y otros tantos cursos recibidos (de los impartidos, que exigen preparación y mucho estudio, ya ni hablamos). Te muestro en esta imagen una pequeña parte. Por cierto, ¿qué estudiaste tú para ser director?

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2.      Aquí siempre se ha hecho así…Sólo puede venir a mi cabeza la gran frase de D. Emilio Duró: “si comes zanahorias, cagarás zanahorias”. ¿Quieres cagar peras? Pues tendrás que comer peras… ¿estás dispuesto a cambiar? ¿quieres otro resultado? Pues haz algo diferente para provocarlo. En este caso, se queda en casa. Quien haya leído mis anteriores artículos sabrá a quien me refiero (siempre desde el cariño).

3.      A la gente se la paga por trabajar no por hacer jueguecitos. Esta frase surgió hará unos 6 años en una reunión. Una de las personas de mi equipo había asistido a realizar la última de las fases de un proceso de análisis de perfiles y esta última fase era precisamente un Assessment. La persona que se cubrió de gloria con esta frase, asistió a dicha reunión junto con el director de RRHH de la organización para recibir los resultados y conclusiones que yo, después de muchas, muchísimas (y los que os dedicáis a esto sabéis de qué hablo) horas de trabajo había preparado tras analizar los resultados obtenidos en más de tres fases, a más de 187 personas y juntando los datos obtenidos en 3 fases de recogida de datos (esos son muchos datos, creedme). Casualmente este Señor, había pasado durante una de estas sesiones en las que la gente estaba “jugando”,  en vez de trabajando. Aquí, por suerte, no tuve que callarme una respuesta ya que sólo mi informe de más de 300 páginas con un profesiograma detallado de cada uno de los roles analizados, con un informe sectorial y otro por departamentos, habló por mí. No fue necesario nada más para que por fin se diera cuenta de las necesidades de su gente, de cómo estaban fracasando estrepitosamente y como tenían a muchos perfiles, clave en la empresa, en la cuerda floja. Se propusieron medidas, se llevaron a cabo, se recibieron resultados…Un año después me dio la mano y me felicitó. Asunto zanjado, 1-0.

4.      Los empleados sólo quieren dinero…Director de RRHH de una gran multinacional, hasta ahí puedo leer. Ay! Mi pequeño saltamontes. Eso significa postularse en la más obsoleta y básica estupidez para evitar mover un dedo por tus trabajadores. Hace años participé en un estudio sobre las motivaciones de las personas en el puesto de trabajo. ¿Sabes cuales ocupaban los primeros puestos por encima de la remuneración?

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Reconocimiento, comunicación y  ser parte de la empresa. Como ves 3 aspectos que son GRATIS y a lo que no le prestas atención…¿Curioso, no? La gente pedía que alguien reconociera su trabajo, que alguien se comunicara con ellos, la gente pedía reuniones, la gente pedía recibir feedback de sus superiores, la gente pedía ser partícipe, al menos pasivamente, de las decisiones de la dirección…casualmente es un resultado que 12, 8 y 6 años después se sigue dando. Las empresas en España seguimos suspendiendo en reconocimiento y comunicación, seguimos anclados al hecho de que “la información es poder” y “no es necesario felicitar a alguien porque haga bien su trabajo ya que es su obligación”  ¿No crees que es hora de hacer algo? A veces nos quedamos anclados en defender nuestra postura definiendo nuestro modelo de empresa, sin darnos cuenta de que tanto empresas más grandes como más pequeñas ya están inmersas en muchas acciones que impactan positivamente en estas coas. En la matriz “querer, poder y saber”, puedes tener el poder y saber…sólo falta, mi querido director, que tú quieras. En este caso te he traído precios de saldo porque no te costarán nada.

5.      Si eso no da dinero es que no vale para nada: Director, y compañero, de una empresa potente en la que trabajé algunos añosNúmeros, números, números… en las empresas no nos importa invertir en auténticas chorradas, pero nos cuesta invertir en nuestros trabajadores. No nos importa derrochar en comidas de empresa (y algunas otras cosas no dignas de mención), en billetes de avión de 7000 euros por querer ir en preferente en el asiento A1 (desgraciadamente podría dar nombre y apellidos), en alquiler de coches de lujo para llegar a una empresa cliente, en móviles, iPads y ordenadores de miles de euros…pero eso sí, no podemos gastar dinero en que la gente se forme, en que la gente tenga un tiempo de asueto, en que la gente se relacione con sus compañeros….¿las inversiones en “chorradas” van sólo con el cargo de directivo? Necesito que alguien me lo aclare. El trabajador es un ejecutor, con precio de rebajas en el que no podemos invertir ni un euro más, al fin y al cabo ¿qué sabrán ellos de una vida de lujo?

Sólo puedo recomendarte que inviertas en el clima laboral de tu empresa, que inviertas en pequeñas cosas que aportan valor;  invierte en lo más preciado de tu empresa que no es tu móvil, sino tu trabajador. A la larga verás que con los 7000 euros de avión podrías haber hecho miles de cosas que habrían impactado en la satisfacción de tus empleados…No veas siempre a tus trabajadores pensando sólo en los resultados que producen, piensa en la persona que hay detrás de ese trabajador que produce. Invierte en ellos y ellos te devolverán la inversión, con su esfuerzo, en tu empresa.

¿Qué os ha parecido? Sin desperdicio, ¿verdad?….¡Anímate y comenta la mayor sandez que hayas oído de manos de tu querido director! ¡Echémonos unas risas entre todos!

Esto tiene dos visiones, una buena y otra triste; la buena es que sé que seguirán llegando este tipo de frases (porque la ignorancia es muy atrevida)  y podré seguir obteniendo material suficiente para sorprenderos con otro artículo. Lo triste es que sé que, desgraciadamente, dentro de poco, si no empezamos a cambiar de mentalidad, tendré para hacer otro ranking.

A ti, mi querido director, sólo puedo decirte que dejes de decir sandeces y te pongas a trabajar.  Te vas a quedar sólo, porque las personas ya no son como antes y se conforman con lo que tienen, ahora son exigentes y quieren participar en empresas en las que  sean cuidadas y respetadas  y si no, se irán (y esto de lo dice una profesional, formada, con experiencia, con ganas y pasión).

QUIEN DIGA QUE NO, MIENTE.

Intentaré ser un poco benévola al principio y reconoceré que algunos de esos fallos podrían estar, de alguna manera, justificados. Cuando hablo de justificación me refiero a algo a veces ajeno a ellos que les puede llevar a cometer ese error; pero ¡Ojo! En ningún caso hablo de justificar el comportamiento, faltaría más.

Claro que también hay mucho tirano que si no nace, se hace tras un arduo cultivo y dedicación para convertirse. Cualquiera puede llegar a ser tirano, como os digo es una gran labor de entrenamiento que no requiere ningún tipo de requisito previo. De esto hablaré en otro post, sin duda tiene “chicha” para poder extenderme.

Pero hoy me quiero centrar en el tipo de error más común, que no afecta directamente a los números, que cometen muchos líderes: la proyección, el adelantarse a posibles comportamientos en base a un determinado aspecto o conducta.

Es muy difícil evitar predecir mentalmente el resultado que dará una persona. De hecho, aunque lo neguemos, asignamos tareas y responsabilidades en base a esa “predicción” en función de resultados previos, aptitudes y actitudes. Es más, somos capaces de adelantar el resultado que va a obtener una persona antes de haberle encomendado la tarea. ¿Curioso no? Todo esto se debe a las proyecciones, un reflejo basado en una percepción subjetiva.

Existen múltiples modelos que pueden favorecer la generación de expectativas (peligrosas todas ellas cuando no se saben controlar), pero centremos hoy el tiro en los tres tipos de proyección más comunes.

·        Efecto halo: asumir la generalidad de todas las características de una persona como positivas en base a una sola observada. Básicamente “Pedro es excelente realizando reportes mensuales, por lo que sin duda Pedro es el mejor candidato para ser elegido como el nuevo director comercial por su constancia, entrega, esfuerzo, responsabilidad, capacidad de trabajo en equipo, resolución de conflictos…”

Error: que Pedro haga de manera correcta los reportes no es indicio de que el resto de competencias que debería tener un director comercial sean tan buenas. Puede que Pedro no sea constante, ni entregado, ni responsable, sólo que es bueno analizando información; pero el efecto halo nos hace valorarlo de esa manera sin conocer de manera objetiva su desempeño en el resto de competencias necesarias para poder, por ejemplo, liderar un equipo.

·        Efecto horn: es precisamente lo contrario, de hecho hay otro nombre para definir esto: “efecto halo inverso”. Es cuando asumimos la generalidad negativa de una persona en base a un resultado pésimo. “Pedro ha entregado mal el informe de ventas de este mes; Pedro es pésimo haciendo reportes mensuales por lo que nunca llegará lejos en esta empresa, no es capaz de asumir su responsabilidad, ni de trabajar en equipo, tiene un bajísimo rendimiento debido a su baja entrega y esfuerzo”.

Error: No hemos analizado por qué Pedro ha realizado mal un informe, por el contrario hemos emborronado todo su mapa competencial y desempeño ¿y si pedro ese día estaba enfermo? ¿y si está pasando un mala racha? ¿y si no tenía toda la información?…¿no merece la pena investigar qué ha pasado? hemos creado una etiqueta de “mal trabajador” que será muy difícil de eliminar.

·        Efecto espejo: uno de los más peligrosos y sin duda muy extendido. Consiste en valorar positivamente a una persona porque tiene un rasgo que nos recuerda a nosotros mismos, o a alguien conocido. Es una percepción distorsionada en base a los gustos propios. Y encima, por si fuera poco no siempre va ligada a una percepción por desempeño sino que puede deberse a una forma de vestir, de hablar, de expresarse, de moverse, de sentido del humor…¡Incluso por el nombre! Esta es una de las más comunes, y peligrosa, en procesos de selección. Los que sois padres ¿Nunca habéis descartado el nombre de vuestro futuro retoño porque os recordaba a alguien que no os caía bien, un antiguo amor fallido, vuestro peor enemigo de la infancia?

Error: Nos pondrá en más de una ocasión entre la espada y la pared al no ser capaces de entender, ni explicar, el porqué de algunos comportamientos, actitudes o resultados que nosotros no daríamos. Por consiguiente, ese efecto espejo nos pondrá en más de un aprieto cuando seamos incapaces de encontrar justificación a lo ocurrido. Incluso nos esforzaremos en encontrar una explicación a lo ocurrido.

No seré tan cretina como para endosarle el problema sólo a los líderes, ya que de hecho, TODOS tendemos a hacerlo, con nuestros hijos, con nuestro equipo de fútbol, con nuestras parejas, con nuestros amigos…con nuestro jefe. Y quien diga que no, miente, porque desde el momento en que elegimos a una persona para un proyecto, para una tarea, para una posición… de alguna manera estamos proyectando. De hecho cuando hablamos de otras nacionalidades pensamos en mitos generados a partir de eso: puntuales, ligones, cuadriculados, fiesteros, embaucadores…seguro que no hace falta que os aclare para que muchos de vosotros ya hayáis identificado alguno de ellos. Bien, pues eso es etiquetar.

Por supuesto que solemos ofrecer determinadas tareas, funciones o responsabilidades a una persona en base a sus resultados previos o trayectoria. Eso no es proyección, eso es sentido común. Pero sí es proyección pensar que esa persona no puede fallar y cuando lo haga hacer uso del auto-engaño para que en caso de fallo lo sea menos,  o sea excusado con cualquier pretexto.

Y, ¿a qué te puede llevar este tipo de proyecciones, mi querido director?  A la frustración, al desengaño o un enfado sólo justificado en tu ego más profundo.

Muchos directores ponen la mano en el fuego por determinados resultados basados en sus propias creencias, proyectándolas en los demás y…luego llegan los sustos. Yo he vivido esto en primera persona, tras analizar el comportamiento de plantillas en su entorno profesional y encontrarme con mis queridos directores negando una evidencia empírica, porque lo que previamente habían proyectado no se corresponde con el resultado obtenido: “No puede ser, Ainhoa. ¿Estás segura? ””Hablamos del mismo Sergio?” “¿Ese resultado en qué se basa exactamente?” “Me dejas de piedra, no me esperaba algo así”… caras de sorpresa, sentimientos encontrados, decepciones de manual…

He testado cómo las proyecciones espejo salen de manera recurrente a pesar de forzar situaciones en las que la propia “personalidad” no debía salir a la luz. He asignado distintos roles que debían desempeñar y me he encontrado en numerosas ocasiones que muchas de esas personas terminaban encontrando conexiones hacia sus propias conductas haciendo que el rol a desempeñar dejara incluso de existir. Una especie de neurona espejo aplicada al “yo”. Cuánta razón tenía Freud…

A pesar de intentar ser quien no eres, finalmente tu proyección espejo aparece y comienzas a tener sombras de tu propio ser. De ahí que sea muy difícil poder interpretar un rol de manera prolongada y menos aun cuando factores como la presión o el tiempo juegan en tu contra. Actualmente, utilizar casos situacionales para analizar los comportamientos es cada vez más común para procesos de selección, identificación de altos potenciales, evaluaciones de competencias, estudios de comportamiento para la interrelación con otras personas… ¿Quién puede interpretar, durante más de X horas, un rol asignado al azar cuando tocamos su orgullo más preciado exigiéndole conseguir un objetivo? Ya os lo digo yo, casi nadie, por no decir nadie.  Los he tenido luchando contra reloj para evitar engañarme pero al final “acaban cayendo”…y he de reconoceros que sin duda estos son mis favoritos.

Mi respuesta es siempre la misma ante ese “yo es que creía…”: ¡Equilicuá! “TÚ creías” en base a experiencias, actitudes o comportamientos…coherente pero el fallo de alguien no puede generalizar todo lo demás, ese es el error. Y en esa creencia tú mismo has desencadenado una limitación de crecimiento o reconocimiento.

¿Cómo solventamos esto?

Seamos honestos, como os decía es muy difícil no hacer proyecciones. Hasta los que nos dedicamos a selección o estudios de comportamiento, en el que la proyección es nuestro enemigo número uno, tenemos que hacer un gran esfuerzo y a veces no lo conseguimos.

Ahora bien, siendo conscientes de esto y sabiendo que puede que no estemos en el barro para saber lo húmedo que está, lo menos que podemos hacer es no adelantar acontecimientos e intentar basarnos en hechos objetivos. Aplicar la prudencia y prepararnos para resultados no previstos. Estar abiertos a otras alternativas para que ningún resultado nos pille por sorpresa, y sobre todo estar dispuestos a conocer la verdad, aunque duela, porque sólo de esta manera creceremos sin quedarnos anclados en nuestra inamovible, y arrogante, creencia.

Os aconsejo intentar eliminar patrones de comportamiento arraigados y practicar la escucha activa en el más amplio sentido. Debemos frenar la distorsión de la realidad generada por nosotros mismos para analizar con objetividad cada situación. Debemos estar preparados para aceptar que las cosas no son siempre lo que parecen, ni pensar que Pedro es tan malo como creemos, ni Juan un crack porque le gusta, como a mí, Freddy Mercury.

Todo es cuestión de equilibrio, todo es cuestión de no generalizar…

EMPRENDEDORA POR CUENTA AJENA

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Y un día, así, volviendo de dejar a tu hijo en clase te viene a la mente que llevas casi 20 años trabajando. Lo que supone que has pasado prácticamente la mitad de tu vida faenando; tras unos años, breves en el largo transcurso de la vida, estudiando. Y ahí, en esos años de estudio , la inmensa mayoría ha debido decidir el resto de lo que le queda de vida laboral…Aproximadamente 45 años.

Abres Internet y te sepultan las frases categóricas que tratan de motivarte e inspirarte: “Deja todo y empieza a perseguir tus sueños”, “Si no te gusta tu vida, cámbiala”, “Mi nuevo libro: Cómo lo dejé todo en sólo 10 pasos” …y me sulfuro. Los sueños son libres y no tienen límites. Soñar es gratis y puedes llegar donde quieras, pero en la vida sí hay límites, propios y ajenos y es bonito dejar volar la imaginación, pero hay sueños que por mucho que los persigas no llegan.

Seamos algo más modestos…

La base principal es educar en la   importancia de estudiar y esforzarte al principio de tu cuaderno de bitácora profesional,  para trabajar el resto de tu vida en algo que te llene, que te motive, que te ilusione…luego es difícil cambiar radicalmente, es difícil dejarlo todo.

Algunos lo hacen, sí. Pero no todos lo consiguen.

Porque, como en los programas de televisión, sólo nos enseñan los casos de aquellos afortunados a los que les ha salido bien, pero no nos hablan de aquellos que se quedaron en el camino y muchos lo hicieron. Cuentan la historia del que se hizo “rico vendiendo conchas pintadas al óleo y vive en una casa de madera en un árbol”; pero no la de aquel que tuvo que volver con el rabo entre las piernas pidiendo una segunda oportunidad y su casa es un banco de madera y algún que otro cartón.

Cuando estés metido hasta arriba en tu vida laboral, lo estarás (probablemente) con una hipoteca, pagando un coche y con algún que otro hijo. Y créeme cuando te digo que dejarlo todo para vivir pintando conchas, y que sea viable es un tanto utópico y sólo unos pocos pueden hacerlo. A lo largo de la vida nos vamos llenando la mochila de las responsabilidades con cosas útiles y otras no tanto, pero hay que responder por todas ellas…Creo que a los 65, si la artrosis lo permite, la mochila se vuelve algo más ligera…

No pretendo ser negativa, sino realista.  Cambiar de vida es una opción, pero en cierto momento de tu vida es complicado, por muchos libros y frases de auto-ayuda que leamos. Por lo tanto ¿no  sería más sencillo haber arrancado al principio en algo que te apasione?

Claro, que ahora la moda está en ser emprendedor y hasta la sopa de letras cuando la estás soplando para que se enfríe, te dibuja en la cuchara la palabra “emprender” …

Ahora todo gira entorno a ello, “Emprende tu propio negocio” “Se tu propio jefe”. Las escuelas de negocio han encontrado tal filón que comienzan a reservar módulos enteros para el tema de cómo ser emprendedor.

En mi caso he podido emprender en más de una ocasión, pero siempre lo he descartado. Yo no tengo espíritu emprendedor, ni quiero tenerlo. ¿Me convierte esto en una perdedora? ¿Carezco de  espíritu pro-activo, de creatividad, de autonomía, de capacidad de adaptación o de autoestima? Rotundamente NO y en cambio esto es lo que me quieren hacer creer constantemente.

A ver cómo explicarlo…yo no soy emprendedora básicamente porque no me da la gana.

No es por miedo a lo desconocido, ni tampoco tengo esa necesidad. He encontrado, profesionalmente hablando, lo que quiero, lo que me motiva y en lo que quiero dedicar el resto de mis años profesionales (siempre que el contratante me lo permita).

Si decidiera emprender debería estar centrada en muchos otros aspectos que me impedirían hacer lo que hago y me convertiría, a ciencia cierta, en una emprendedora desmotivada y en cierto modo fracasada, al no poder hacer lo que más me gusta hacer. ¿Me hace esto ser menos valiosa?

Y yo me pregunto, si todos fuésemos emprendedores, ¿quién nos ayudaría a sacar adelante nuestras empresas?  Las empresas siguen teniendo sus necesidades para poder seguir adelante y sin sus trabajadores no son viables. Sigo defendiendo que el trabajador es el motor de una empresa y son ellos los que consiguen que el negocio salga adelante. Emprendedores son necesarios, trabajadores por cuenta ajena también. ¿Qué tal si nos preocupáramos por fomentar la figura emprendedora dentro de la empresa? ¿Y si nos preocupamos porque la gente se sienta parte de algo que crece? ¿Y si orientamos nuestra estrategia a sacar lo mejor de cada uno? Por ejemplo, creando un equipo de emprendedores internos.

Para emprender, como todo en la vida, hay que poder, querer y saber. Requisito indispensable para alcanzar un nivel competencial óptimo. El éxito no es sólo cuestión de suerte o, como algunos quieren pintar, de buenas decisiones. Es cuestión de que no todo el mundo vale para cirujano, ni para abogado, ni para bombero (en mi caso por la talla), ni emprendedor.

En España, sólo el año pasado, hubo 80.896 empresas de nueva creación, de las cuales el 40% no llegará a soplar su primera vela.  Imaginaos cuantos sueños incumplidos, rotos o convertidos en pesadilla. Imaginaos también cuanto orgullo para los que sí la soplaron.

El perfil de emprendedor español, según numerosas revistas de negocio, es de una persona de entre 55 – 64 años de edad. De todas estas personas, un 4,5% lo hacen porque no son capaces de encontrar trabajo y deciden recurrir al emprendimiento como posible fuente de ingresos. Es decir que volvemos al problema de encontrar trabajo después de los 45, sin que los emprendedores reales vean que esas edades son una fuente inagotable de experiencia, sabiduría, madurez y estabilidad.

El 74% de estas personas trabajaron previamente por cuenta ajena y tras una situación de desempleo o por voluntad propia decidieron empezar este nuevo camino. El éxito de muchos de ellos llega tras una media de 2 ó 3 intentos. Como veis la resiliencia es una de las competencias diferenciadoras de un emprendedor.

¿Esto significa que emprender es imposible? No. ¿Esto significa que trabajar por cuenta ajena es lo mejor? Tampoco. Todo es bueno si lo has elegido libremente y eres feliz con tu decisión. Desde bien jóvenes debemos buscar nuestro hueco, aquel que nos satisfaga tanto por cuenta propia como ajena sin dejarnos llevar por modas y corrientes. Porque tu éxito profesional no se mide en si tienes un negocio propio o no, tu éxito profesional sólo lo valorarás tú cuando pares por un instante a pensar de dónde vienes, a dónde vas y si estás disfrutando del viaje.

Tal vez leas esto y seas de los que piensa “o sea que con 48 años mi situación ya no tiene remedio”. Es muy difícil que puedas reinventarte profesionalmente, tal vez no puedas cambiar tu vida y dejarlo todo para lanzarte a algo distinto, tal vez tengas ciertas cargas y responsabilidades que lo impiden… me reafirmo en la idea de que será inviable, por infinitos motivos, en el 90% de los casos. Pero centrándome en esa cifra sí voy a decir que es necesario que busques pequeños cambios, matices y vías de escape profesional que te permitan no renunciar a nada, ni abandonar tu mochila, ni cometer una locura… pero que te regalen momentos de felicidad a lo largo de los años laborales que te quedan por delante. El camino a veces se hace duro, más aún cuando miras el lejano horizonte… la forma de afrontar el trayecto marcará la diferencia.

Busca tu hueco y tu felicidad de la manera que sea y como sea, porque pasamos dos tercios de nuestra vida en el ámbito profesional… ¿no merece esto que le dediquemos especial atención a ser felices? Debería ser exigible por ley.

Yo siempre empiezo mis presentaciones diciendo que “Soy afortunada, encontré mi vocación y la convertí en mi profesión” y ese es mi verdadero emprendimiento personal y al que le dedico todo mi esfuerzo y mi tiempo. Veo el camino que he recorrido y el que me queda por recorrer y me siento feliz. En mi caso no necesito emprender porque ya lo hago cada día, sólo que por cuenta ajena. Aplico todas las ganas y energía que cualquiera que abre su propio negocio (también reconozco que duermo más tranquila que cualquier emprendedor).

Así que mientras el viento sople a mi favor…

… ¡Yo me declaro “Emprendedora por cuenta ajena”!

MI QUERIDO SR. KAPOOR

A raíz de una información impactante que recibí el  otro día en una ponencia, decido recurrir a un informe de la OMS para contrastarla. Y, sí, preocupantemente es cierta.

Profundizo un poco más y leo que según la OMS la depresión afecta a unos 300 millones de personas en el mundo. Y que una de cada seis personas sufrirá algún episodio a lo largo de su vida. No conforme con esto, sigo leyendo; el 86% de las personas que la sufren están en edad laboral. Pero aún hay más: 1 de cada 10 personas, en España, sufrirá una baja laboral por este motivo y el 40% de la población española padecerá ansiedad o depresión en algún momento.

Alarmante, ¿verdad?

A ti, mi querido director, que sólo piensas en números, te lo explico para que lo contextualices en tus hojas de excel: el coste anual europeo por estas bajas asciende a la cifra de 92 millones de euros.

Es decir, que un porcentaje elevadísimo de personas están tristes, deprimidas o con crisis de ansiedad;  y lo están debido a las condiciones y situaciones que tienen que “sobrellevar” en sus empleos. ¿Quién es el culpable de todo esto?

Hace muchos, muchos, muchos años acabé mi carrera. Estaba pendiente de la última nota, de la última asignatura del último curso. “Licenciada” me dijo de viva voz mi profesor. Espanto, miedo, terror….fui corriendo a un sitio donde nadie me viera y llamé a mi madre.

  • Mamá, he aprobado, soy licenciada…(llorando) y ahora ¿qué hago? ¡No sé hacer nada!
  • Bueno hija, debes estar contenta, ahora comenzará tu carrera profesional.
  • ¿Mi qué?…

Decidí coger el toro por los cuernos y  redactar mi currículo…¿mi qué? ¡Qué pongo ahí?!

Mi hasta entonces impoluto CV blanco deja de estarlo cuando escribo en él mi dilatada experiencia profesional consistente en:

  • haber cuidado/aguantado orgullosamente a dos niños durante mis 5 años de carrera y
  • haber vendido un librito de pasatiempos para un ONG durante 8 horas diarias, bajo la brisa achicharradora a 40 grados a la sombra en pleno mes de agosto en la puerta del parque de atracciones, para llevarme 50 pesetas, sí, has leído bien, pesetas, por cada uno vendido (el equivalente a  0,30 € de hoy en día)… Creo que me costaba más el abono transporte que lo que ganaba.

Y ahí estaba todo reflejado en el primer tercio de hoja de mi currículo…. total dicen que menos es más y que  lo bueno, si breve, dos veces bueno ¿no?

Con ya todo preparado y 50 copias de mi tesoro más preciado bajo el brazo comencé mi búsqueda. Noooo amigos, nada de apps, ni networking, ni modernidades de estas: comprar el periódico de los domingos con su suplemento de empleo.

Me inscribo a dos ofertas de trabajo, y no lo hago rellenando unos campos y haciendo click, envío mi apabullante currículo por correo postal con su sobre y un sello pegado a base de lametones ¡Bingo! Me llaman de una.

Voy a mi entrevista. Me recibe el Sr. Kapoor, un hindú con un acento de Oxford refinado, exquisito y precioso. Supero la primera fase y justo cuando me voy a ir me dice ¡Espera! quiero hacerte una segunda prueba. Me hace aprenderme un texto y venderle un curso de inglés. No me preguntéis por qué, pero terminamos discutiendo. Sí, una entrevista que acaba en discusión y conmigo cerrando la puerta tras de mí; faltas de respeto las justas.  Al día siguiente me llama pidiéndome perdón, diciéndome que tengo mucha energía, fuerza y carácter, justo lo que necesita. Acepto, no tengo nada que perder y al fin y al cabo es un trabajo. Siempre estoy a tiempo de poder irme.

Pasa el tiempo y descubro que el Sr. Kapoor es  zafio y despectivo a su libre albedrío y según su estado de ánimo. Además, se muestra clasista y el trato con los demás se ajusta a su categoría social. Por aquel entonces, un mes después, llevo el área de RRHH y prácticamente manejo parte del cotarro,  entre eso y mi “fuerza y carácter” creo que me respeta “algo más” que al resto. Veo como trata a ciertas personas y cada día me gusta menos. Me duele ver a varias personas pasándolo mal porque alguien, su director, no les trata bien; siento sus miedos casi a diario, ya que el carácter del Sr. Kapoor, desafiante y amenazador, trabaja incesante para ponerles en jaque en más de una ocasión.

Cada día me afecta más, veo la tristeza y la desmotivación en las personas que asumen sus responsabilidades apesadumbradas y con la indignación encerrada en sus taquillas.

Cierto día, que hacía un frío polar en la oficina decido ponerme un radiador cerquita para calentarme. Tan cerquita, tan cerquita que no me doy cuenta de que de olor extraño que me llega es justo el olor de la torre del ordenador que se está derritiendo, literalmente, con el calor.  Cuando uso el término derretido no exagero. Me refiero a una masa disuelta de plástico en el suelo en una posición muy similar a la del reloj derretido de Dalí.

Salvador Dali Melting Clocks

Justo en ese momento entra Mr. Kapoor que me debe ver tal cara de descomposición que le da una especie de ataque. Aún a día de hoy, sigo sin saber interpretarlo del todo bien. Noto su rabia contenida, pero noto por igual que prefiere no decirme nada. Sale del despacho, respiro aliviada por un segundo, hasta que veo cómo descarga su rabia, su irá, su poder, su maza envenenada de clasismo, su orgullo dictatorial e injusticia contra mi querida Sra. Justa, la señora de limpieza, con una vida de desgracias directamente proporcional a lo contradictorio de su nombre.

¿Por qué con ella? ¿Por qué le habla así? ¿Por qué es tan dañino? ¿Por qué le grita? ¿Por qué la trata con ese desprecio? ¿Por qué? ¿Por qué?…tengo un nudo en el estómago, fruto del estropicio del ordenador y la cara de mi querida Sra. Justa. Veo compañeros que entran en su turno pero se giran para volver a salir por donde entraron. ¡Stop! ¡Basta! ¡BASTA!

Me voy llenando de ira y de rabia pero no dejo que mi impotencia y frustración me limiten. Yo también le tengo miedo, pero esta vez no dejo que ese miedo me venza. Dice que “soy fuerte y con carácter” pero cuando se convierte en ese ogro mi fuerza se desliza entre sus garras. No sé por qué, no sé cómo pero ahí decidí lo que no quería volver a vivir. Ese fue el principio de todo. El principio de ponerle voz a las injusticias y los abusos de poder.

Decido salir del despacho, cerrando la cristalera con fuerza mientras mi voz interior suplicaba: que no se rompa el cristal, que no se rompa el cristal… decido enfrentarme a él, decido dar la cara por mi querida Sra. Justa y poner voz a su miedo, decido dar la cara por todos aquellos que se han escondido tras la pared. Fue mi primera batalla ganada.

Llamo a mi madre. Sólo un mes  después de haberle dicho “¿Y ahora qué hago?”, ya no tengo duda. Quiero estar ahí por y para las personas. Quiero contribuir en el pequeño mundo de la empresa para intentar lograr un lugar mejor donde trabajar, a velar por que el trabajador esté a gusto evitando que los Sres. Kapoor impongan el miedo por el mero hecho de pagar una nómina. No me gusta ver oficinas cargadas de negatividad, desmotivación, miedo y tristeza…no me gusta ver personas que sólo sonríen cuando se libran de las cadenas que los atan a sus puestos de trabajo.

No cuento esto porque pretenda ser una salvadora, ni una justiciera, ni una súper-heroína; no busco la palmada en la espalda. Lo cuento porque realmente me indigna, me preocupa y me hace seguir gritando fuerte, muy fuerte: ¡Tenemos que eliminar esta enfermedad de nuestras organizaciones! He trabajado en varias empresas, y he conocido muchas desde la consultoría. Es una gran pena afirmar que el miedo sigue en muchos trabajadores, que la tristeza invade muchas empresas o que la desmotivación es el postre del día…Sigue habiendo miles de Sres. Kapoor y no podemos mirar hacia otro lado.

¿A qué ha venido mi historia?  A que gracias a estos Sres. Kapoor tenemos una población en edad laboral que está triste, deprimida o con ansiedad. Y esto no lo puede permitir la sociedad. Ya no sólo te critico a ti hoy, mi querido director, también a una sociedad que  mira hacia otro lado cuando estas cosas pasan. Critico a una sociedad en la que personas con sentencias perdidas por acoso siguen liderando departamentos en empresas, con una palmada en la espalda diciendo que hay gente “hecha de otra pasta”…No puedo ver empresas que hacen la vista gorda a estas personas por el mero hecho de que consiguen productividad, dinero…¿A cambio de qué? ¿Dónde queda el término tolerancia cero ante el acoso? Cada empresa que tenga dentro un solo trabajador que comete abuso, y más aún si ha sido condenado por ello, se convierte en cómplice de ello.

Mi querido director, tienes en tu mano el reducir las métricas del comienzo del artículo y empezar a entender que la salud negativa de tus trabajadores te perjudica, tanto en número como ética. Puedes registrar en tu Excel la productividad de las personas, pero no las formas en que se consiguen. Esas sólo puedes registrarlas en tu corazón.

Así pues, gracias Sr. Kapoor porque de ti aprendí lo que no debe ser el trato a los trabajadores, los errores que llevan a la insalubridad en la empresa, porque de ti aprendí lo que no  hay que hacer y porque, sobre todo, me ayudaste  darme cuenta de que es a luchar contra todo esto a lo que quería dedicar mi recién estrenada vida laboral.

Y TÚ MI QUERIDO DIRECTOR…¿APAGARÁS LA LUZ?

La salud profesional y el bienestar del trabajador sigue siendo uno de los principales retos al que se enfrentan las compañías día tras día. Un reto que se va saldando con estudios que certifican el éxito teórico, pero que necesitan ser aplicados en la empresa a través de un método de ensayo y error para identificar aquellas técnicas que mejor se adaptan a cada una.

Sin duda alguna,  las personas… son personas y tienen rasgos idénticos en determinadas cosas. Todos nos regimos por unos principios, algunos de ellos básicos y comunes. Da igual ser médico, abogado, ingeniero, comercial, peluquero…hay factores que contribuyen a la salud profesional que a todos afectan por igual. Es por esto que hace mucho se decidió recoger y compilar las normas comunes y básicas de bienestar laboral en lo que hoy llamamos convenios colectivos o en nuestro Estatuto de Trabajadores.

Pero el mundo laboral ha dado un giro de tuerca más y muchas de esas normativas recogidas por ley se han empezado a quedar obsoletas. Las tecnologías han facilitado que muchas de estas normas puedan ser mejores aún, adaptándose a los nuevos tiempos. Y a ello nos debemos si queremos seguir contando con profesionales de alto rendimiento que no lo enfocan todo a las horas de trabajo sino a los resultados obtenidos.

Leo en distintos medios “Los jóvenes ya no buscan oficina ni horario. Buscan proyectos y objetivos que cumplir”; “Para ellos la idea de tener una vida dentro de la oficina y otra fuera ya no existe. Quieren tener una sola vida y quieren que sea motivadora…” Como veis, en determinados sectores hay que seguir invirtiendo en innovación laboral interna.

Todo esto está aprobado a golpe de maza de juez. El problema es cuando no lo está a golpe de maza tuya, mi querido director,  adoptando unas medidas de omisión de la responsabilidad y mirando hacia otro lado cuando no afecta directamente a tus números.

De todos los problemas que hay que abordar en las organizaciones en materia de seguridad y salud emocional hay un problema que me sigue preocupando, porque no somos capaces de darle solución, aun teniéndola delante de nuestras narices: el presentismo laboral injustificado que pone en jaque la salud laboral y bienestar del trabajador.

Claro, mi querido director que no es del todo culpa tuya. Sigamos.

Hay trabajadores que tienen el hábito de alargar sus jornadas laborales en dos o tres horas diarias sin que nadie sea capaz de decirles NO.  No podemos ahondar en las motivaciones para que lo hagan, falta de tiempo para cumplir sus tareas, incapacidad para gestionar su tiempo y efectividad, saturación de tareas, picos de producción, situación personal sin cargas familiares o hobbies o básicamente por la creencia de que presentismo es directamente proporcional a producción y visibilidad…. Honestamente la gran mayoría de las motivaciones que les llevan a esta sinrazón ni me preocupan ni me interesan, porque lo que me preocupa realmente de todo esto es el resultado final, el cual acaba en algo que sí perjudica en el sentido de pertenencia, retención y rotación de personal: el síndrome de Burnout.

Sólo hay dos, de todas estas razones, que afectan a la organización. Uno de ellos evitable, el otro no. Evitable: La falta de planificación de recursos para el correcto funcionamiento de cada departamento. Inevitable: Los picos de producción (por sentido común). ¿Quién no ha tenido que hacer un esfuerzo en momentos puntuales para que un trabajo salga en el tiempo acordado? A esto se le llama responsabilidad laboral y en las ocasiones que esto se da puede ser un buen momento de reconocimiento por parte de la organización generando un estrés cargado de  orgullo de pertenencia por parte del trabajador. El resto de casos planteados son sin duda un peligroso juego que amenaza el futuro bienestar y satisfacción del trabajador frente a la empresa. Vemos por qué:

El trabajador que voluntariamente, sin estar sujeto a la productividad puntual de un proyecto, decide adoptar el hábito de quedarse en la empresa 2 ó 3 horas más diarias,  está atentando primero contra el respeto a sus compañeros, segundo contra los principios que toda organización debiera tener y tercero contra su salud laboral. Mientras todo vaya bien se sentirá orgulloso de su increíble esfuerzo (visto desde sus ojos, nunca desde los míos). Pero cuando las cosas, por cualquier otro motivo,  no vayan igual de bien serán la carga emocional negativa suficiente para que el síndrome de Burnout llame a la puerta. Recordemos que uno de los principales factores que pueden llevar a un trabajador a padecer este síndrome son precisamente los horarios excesivos de trabajo. Cito, según se recoge en varios medios y artículos: “Se ha encontrado en múltiples investigaciones que el síndrome ataca especialmente cuando el trabajo supera las ocho horas diarias, cuando no se ha cambiado de ambiente laboral en largos periodos de tiempo y cuando la remuneración económica es inadecuada “

  • Alguno de los síntomas: desazón,  desasosiego, estrés, baja productividad, alteración de las relaciones personales y afectivas… ¿Culpables? Dos. La propia organización que no prohíbe estas acciones (sino que en ocasiones las premia) y el propio trabajador que no es capaz de desvincularse del ámbito profesional persiguieno el equilibrio saludable.
  • Medidas: En muchos países europeos, velando por el bienestar del trabajador y la conciliación familiar, por norma a las 17h se apagan las luces para TODOS los trabajadores. Salvo excepciones, está mal visto quedarse más tiempo puesto que se ve como un problema de baja eficiencia y baja capacidad organizativa del trabajo propio y ajeno.  Precisamente los estudios demuestran que estas empresas tienen un índice alto de eficiencia y productividad puesto que las personas que trabajan en ellas mantienen un sano equilibrio entre sus labores profesionales y su vida personal logrando una óptima nivelación y estado de bienestar personal que se extiende a los distintos ámbitos de su vida profesional y personal. ¡Conseguir darle sentido práctico al platónico Carpe diem!
  • Problema: En España estamos tan lejos de esto que parece que lo imagino en blanco y negro. Aquí se sigue premiándose en presentismo (tanto por la empresa como por los trabajadores que defienden esta idea) y la idea de que más produce quien más tiempo está en la oficina: qué fatídica e injusta afirmación hacia aquellos que demuestran efectividad y organización. Victimismos injustos, con sonrisa orgullosa de medio lado,  respaldados por la empresa que no premia la eficiencia ni apoya el bienestar de sus recursos; empresas donde la toxicidad de esta práctica se escabulle entre la palmada en la espada y el golpe de pecho.

Sí hay soluciones, pero hay que querer.

Las soluciones en estos casos tienen que partir desde la dirección. El trabajador que entra en este bucle sólo saldrá de él, por su propio pie, cuando ya sea demasiado tarde y lo haga desde la rabia e impotencia que genera el Burnout. Visto desde la practicidad económica: recurso perdido a pesar de la inversión generada.

Es la empresa la que debe  prevenir que se llegue a esta enfermedad. Y la primera forma de hacerlo es convencerse del error que es consentir que sus trabajadores sigan esta práctica. Así pues, se deberían estudiar aquellos casos en los que la norma del trabajador está en el alargamiento de su jornada e identificar las consecuencias que llevan a ello: necesidad o voluntad. Si es necesidad por saturación de tareas habrá que estudiar la re-planificación y optimización de recursos; por el contrario,  si es voluntad del trabajador habrá que decir NO a esta práctica rutinaria por su bien y el del resto de los trabajadores.

Parece sencillo y realmente lo es. Pero hay que ser valiente para dar el paso y querer convertir la empresa en un estado organizacional de bienestar y salud. Nos preocupamos por las políticas de salario emocional pero no nos preocupa gastar los créditos en situaciones de este tipo. ¿En qué quedamos? Hay que aunar criterios y visualizar qué imagen queremos dar de nuestra organización, abandonar las medias tintas y erradicar estas situaciones…pero esto exige valentía directiva para romper con los cánones para los que nos han programado desde niños.

Mi querido director, mirar hacia otro lado cuando un trabajador entra en este peligroso bucle es convertirte en cómplice de su propia toxicidad,  cayendo en la falta de compromiso legal de velar por el bienestar de los recursos de tu compañía. ¿Tú quieres ser cómplice o quieres una organización saludable?

Mi querido director, todo está en tu mano, a veces basta sólo con apagar la luz.

MI QUERIDO SUEGRO…

Comida familiar, todos reunidos en torno a una gran paella. Dimes y diretes, conversaciones que vienen, que van y que se quedan durante un rato.

Y tú, ¿Qué tal el trabajo nuevo? Respondo, cuento, comento…hasta que una voz gruesa, profunda y curtida por los años me interrumpe: – “Vaya sarta de sandeces, si trabajarais en lugar de perder el tiempo”…Mi suegro.

Mi suegro es el típico empresario de toda la vida, ese que empezó repartiendo bolsas y acabó montando su propio, y exitoso, negocio. Ese que a base de trabajar, sudar y sólo pensar en vender consiguió lo que hoy tiene. Ese que empezó a ser líder hace 50 años de la forma que pudo, aprendiendo con los trastes de la vida. Ese que no entiende de “la vida del trabajador”; ese que considera que unas vacaciones son sólo para vagos y que invertir en el empleado más allá de su nómina no es más que una manera de tirar el dinero. No, no es un ogro, aunque alguien pueda pensarlo. Simplemente es un hombre que llegó donde está con una filosofía de hace 50 años y que le funcionó. Un hombre anclado en el  “si funciona para qué cambiar”;  de ahí que palabras como cambio, creatividad, innovación, tecnología….no sean más que las chucherías de una generación que tiene cada día menos ganas de trabajar.

Yo mientras, enumero mentalmente los ingredientes de la paella: arroz, guisantes, pollo, pimiento… un anclaje emocional que me frena en ese momento de preguntarle a pleno pulmón ¿Qué has hecho tú por tus trabajadores? ¿Han sido felices? Ahogo mi idea en mi vaso de agua. Creo que jamás lo entendería. Creo que me tacharía de loca si le expusiese  el increíble beneficio del salario emocional.

¿Lo culpo por ello? No, porque es víctima de una sociedad en la que empleado no era más que un número que le daba un resultado. Todos eran peones, los de obra y los del tablero de la oficina. Víctima por pensar que si algo funciona no es necesario hacer nada. Víctima de una época cargada de pirámides (no Egipcias) y de miedos e injusticias que eran partidas de la nómina.

Tiene 75 años ¿Cómo puedo culpar a alguien que comenzó su carrera en blanco y negro?

Sin embargo no puedo perdonárselo a muchos que hoy en día y con muchos, muchos años menos, adoptan la misma postura de los años 70 como signo de poder y síntoma de grandeza impositiva. Por ahí no paso. En el día a día sigo viendo a quien valora más al que acaba tarde que al que de manera efectiva alcanza sus objetivos, quien valora al que no tiene familia frente a unos padres que no dan más de sí, a quien valora al que aparenta frente al que ejecuta o quien valora el poder de quien ordena frente a quien lidera sin ser jefe.

Mi suegro no entiende de jornadas de Welcome, no entiende la palabra conciliación, no entiende la expresión  “derecho del trabajo”, no entiende la palabra RSC, no entiende porqué se pierde el tiempo con un curso de PRL, ni qué significa hacer un plan de desarrollo. ¿Quien se atreve a decirle que hay un tipo de salario que no se paga con dinero? No sabe qué es un plan integral de RRHH porque ¡No tiene RRHH en su empresa!

Creo que nunca me ha entendido,  de ahí su mirada con ese velo de la incredulidad condescendiente cuando hablamos de trabajo. Nunca ha entendido cómo puedo ganarme la vida haciendo lo que hago. Y me río, me crezco, me enorgullezco porque eso significa que las cosas están cambiando. Ya tengo toda la paella organizada hasta por colores, ha llegado el momento de hablar. Creo que he descubierto un punto en común y quiero explotarlo. Le explico que él vive al servicio de sus clientes y que yo lo hago al servicio de los míos, sólo que los míos no compran sino que hacen que otros puedan comprar. El paga con euros, yo pago con satisfacción.

Al fin y al cabo en algo nos ponemos de acuerdo (por decirlo de alguna manera). Ambos creemos que lo principal es el cliente y a él nos debemos. Eso sí, cada uno desde su necesidad y su objetivo. Si él no cuida al cliente, no logra ventas, si yo no cuido al mío, no consigo compromiso (suegro, créeme, las cosas irían todavía mejor).

Muchas veces nos conformamos con el contenido pero no con el continente. Queremos vender más, queremos ganar más dinero…pero nos da igual como lo consigamos o a costa de qué lo hagamos.

El querer, el poder y el saber son los tres pilares básicos de toda competencia profesional (en este momento sé que si hablara en swahili a mi suegro habría mayor posibilidad de que me entendiera que ahora mismo). Si no puede, le ayudo; si no sabe, le enseño; si no quiere, le motivo… y si sigue sin querer, el resultado final habrá dependido de él mismo y no de una jerarquía dictatorial. Trabajar en torno a estos tres pilares es lo que se debería nombrar como trabajar orientado a las competencias profesionales de cada colaborador.

Pero ¿Qué pasa cuando es el CEO quien no quiere, no puede o no sabe? Hay tantas respuestas a esta pregunta….eso sí, todas con un común denominador: el fracaso.

Me apena y enfada ver cuerpos jóvenes atrapados en mentes de hace 50 años. Cuerpos enfocados al resultado final sin preocuparse de que la suma de todos es la que lo consigue. Esos sí son culpables, porque han tenido medios, estudios, conocimientos e información y deberían haberlo aprendido por el camino, o al menos no haberlo olvidado.

Yo no te culpo querido suegro, al igual que no podría culpar que las pantallas no fueran a color hace 60 años, que el teléfono fuera de rueda o que la palabra pixel aún no hubiera sido inventada. El tiempo va evolucionando las cosas. Pero a ti, querido CEO del S XXI atrapado en un cuerpo mono cromo , sí te culpo; porque vives en la era del conocimiento, con un sinfín de alternativas y posibilidades y te empeñas en no saber, no querer y no poder entender la importancia de las personas que te rodean y cómo su motivación puede hacer magia empresarial. Porque quieres más resultados sin variar la ecuación…

Puede que lleves un móvil de última generación o que lleves el mejor iPad del mercado, pero sigues atrapado en la versión 0.0 al más puro estilo Charles Chaplin: sin sonido ni color.

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HE DE RECONOCERLO, SOY CAÑERA.

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Hace poco alguien me dijo que era demasiado cañera. He de reconocer que es cierto. A excepción de un solo artículo que escribí hace un par de años, el resto han sido tirones de orejas; y no precisamente para felicitar por el cumpleaños.

Tengo un motivo para ello. Porque creo que queda mucho por hacer, porque alguien debe decir no a las injusticias e indiferencias hacia aquellos que reman para que el barco llegue a puerto. Un barco que en muchas ocasiones ni siquiera saben dónde va. Y eso es triste, muy triste. Es avivar el fuego del sentimiento que arde ante un “tú rema con los ojos cerrados, yo ya te diré cuando parar”. Porque la palabra jefe está muy manida y ha perdido su significado adentrándose en las lagunas del todo vale. Porque quiero seguir poniendo voz al silencio que veta las palabras.

Es innegable que asumir la responsabilidad de “ser jefe” es una elección personal en el 99% de los casos. Nadie te obliga a serlo más que tus intereses, tus motivaciones, tus aspiraciones, tu ego, tus pasiones… Tú eliges qué grado de responsabilidad quieres asumir, tú eliges si quieres tener equipo, tú eliges aceptar esa posición. Es la elección que haces sobre una oferta basada en tu experiencia, capacidad, conocimiento…y tú decides si aceptas o no.

Vivimos en una sociedad donde piden licencias para todo, para conducir, para bucear, para navegar, para pilotar… pero no se piden para gestionar equipos. Gestionar PERSONAS. Movemos los recursos estratégicamente, como si fueran fichas de parchís, cuando lo consideramos oportuno; Los ascendemos a ese nivel porque consideramos que son justo lo que necesitamos. Teniendo en cuenta, muchas veces, sólo los resultados obtenidos por esa persona sin indagar en cómo lidiará en el día a día con un equipo de personas.

Os puedo asegurar que a lo largo de todos estos años en consultoría he descubierto que un porcentaje sorpresivo (e impactante) de jefes lo son porque hacían bien su trabajo o porque los años en la empresa obligaban ya a dar ese paso, no porque nadie los hubiera evaluado en profundidad para ello. Años después, estas mismas empresas, deciden implantar formaciones a mansalva para que potencien sus “habilidades directivas”. Todo esto cuando ya han hundido irremediablemente el espíritu y motivaciones de sus equipos. Cuando el barco ya se está hundiendo. La formación es positiva, pero no es milagrosa. No le quitemos mérito a los curanderos.

No podemos permitir que una persona, por el hecho de ser jefe, sea capaz de romper la armonía de un equipo y, por extensión, de una empresa. No podemos permitir que un liderazgo erróneo haga cicatrices en lo más valioso que tenemos, nuestras personas. No podemos permitir que haya heridas que aún sangran por abusos de poder, miedo, amenazas o algo tan básico como la desinformación…todo esto debe quedar erradicado de la empresa actual, de aquella que busca gestionar el talento, pero de verdad. Los resultados son importantes, es indiscutible. Pero el cómo se consiguen, sí es discutible.

Por supuesto que sé cómo son los colaboradores. Creedme cuando os afirmo que he visto de todo. DE TODO. Pero también sé que tenemos la potestad de tomar decisiones desde RRHH y eso hace que relajemos las tensiones frente a cualquier toxicidad emergente. Pero son las mismas que se deberían tomar, sin pestañear, obviando la categoría profesional.

Doloroso cuando se escucha “No podemos prescindir de esta persona porque nos supone mucho dinero, así que hasta que se jubile hay que aguantar” ¡AGUANTAR! ¿Quién va a aguantar? Los de siempre. Estas afirmaciones categóricas hacen que mi motivación se venga abajo, no puedo evitarlo. Me duele como si me lo hicieran a mí. ¿Puede haber algo más cruel que condenar a los colaboradores a algo así?

Por suerte soy resiliente. Y este tipo de injusticias hacen que siga levantándome para alzar la voz, para seguir luchando por la felicidad del trabajador en la empresa. Porque creo que es la única manera de lograr lo mejor de cada uno y permitir la libertad de que cada uno elija dónde quiere estar. Esta es la verdadera salud en el trabajo.

Y aquí relajo mi discurso, porque he de añadir que cada vez veo más “jefes” que me llenan de esperanza, de esos que cualquier trabajador merecería tener. Y no por privilegio, sino por derecho. Porque todos tenemos obligaciones en la empresa, pero también tenemos derechos. Y el primero de ellos es ser tratados con respeto, dignidad, confianza y agradecimiento. Por suerte, cada vez hay más jefes de este lado, pero muchos otros siguen ocupando su puesto de honor en las tinieblas.

El otro día alguien me dijo “tienes toda mi confianza”. El mejor pistoletazo de salida que alguien puede tener, el principio de un largo camino que ojalá todos pudieran tener.

INJUSTICIA EN LA EMPRESA ¿TU ESTÁS A SALVO?

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Hoy dedico mi artículo a una persona muy especial, porque este tema en concreto me lo tomo muy en serio; para mí es uno de los pilares básicos de la gestión del desempeño y talento de una empresa. Y hay cosas con las que no se debe jugar.

Escenario aproximado para poneros en situación: típica empresa anclada en el pasado, con más de tres mil trabajadores; poli-jerarquizada al máximo y con un bajo control de RRHH a todos los niveles debido, entre otros, a su carente fuerza base para sostener tantos empleados. Este descontrol lleva a una desvinculación de muchas de las funciones, que se trasladan a distintas áreas y son auto-gestionadas desde allí. Estas áreas ponen y quitan gente en los proyectos al más estilo “reparto de correo” tú aquí, tú allí, tú allá…tú en este proyecto eres jefe, tú en este eres X, tú en este eres Y.  Para que lo entendáis, es como reparto que hacíamos de pequeños cuando hacíamos equipos. Dos eran “madre” e iban pidiendo jugadores. Los que no éramos “madre” estábamos ahí exponiéndonos como mercancía hasta que alguien decía nuestro nombre y eras asignado a un equipo.

Bien, pues mi artículo se centra en la historia de uno de estos que estaban en el escaparate y pasa, en uno de los proyectos, a ser “madre” ante la incredulidad del resto.  Él mismo, consciente de sus carencias maquilla sus inseguridades con el híper autoritarismo, mientras reparte, como si fuera una partida de póquer, todas sus funciones a aquellos más preparados para salir airoso en todo momento. Casualmente siempre tiene el as.

Llega la evaluación de desempeño de 2018, esta tarea siempre “centralizada” desde RRHH. Bueno, realmente RRHH lanza un correo y luego recibe cumplimentadas las evaluaciones y las archiva sin tener la menor vinculación con el proceso. Cada cual que atienda su juego. Así que todos los responsables y los “madre” deben hacer la valoración de sus equipos. Para aquellos nuevos que este año les toca ser “madre” por primera vez les dan un mini cursillo de aquella manera, y los lanzan al ruedo.

Siguiendo con mi historia de este peculiar “madre”. Decide, para sacar un poco el cuello del fango en el que está metido (y que empieza a ser voz populi), desvirtuar las evaluaciones de su equipo, intentando demostrar que ahí las riendas las lleva él, escondiendo sus miedos e inseguridades profesionales ante el escudo de una evaluación de desempeño mal gestionada desde RRHH. Resultados de las evaluaciones pésimo.

Su equipo ha tocado fondo.  Ha creado borrones en expedientes que eran intachables, ha emborronado el esfuerzo y constancia de todo su equipo para que nadie se dé cuenta de qué él ha sido nefasto en sus funciones y pésimo como “madre”.

¡Qué impotencia! ¡Qué injusticia! Ya sabéis que a mi estas cosas me duelen. No puedo evitar estar rabiosa porque todo esto me afecta tanto personal como profesionalmente. Es cruel que haya personas viviendo con miedo, es cruel que haya colaboradores sufriendo de esta manera sin que nadie vele por ello. Hoy no puedo más que pensar en que aún tenemos mucho por hacer en la gestión del bienestar de los empleados, esto no puede seguir pasando. Porque esta historia de esta “madre” se da todos los días en muchos, muchos, muchos escenarios. No podemos seguir teniendo ladrones de motivación, no podemos seguir manteniendo en nuestros equipos terroristas del talento. Me niego a ser cómplice de todo esto y hoy lo denuncio. Y lo más triste de todo es que hoy le dedico mi artículo a una persona muy especial, pero sé que esta persona podrías ser tú, o tú, o tú… o yo.

¡Basta de abusos de poder! ¡Basta intentar sumar restando a otros en la ecuación más injusta de la vida! ¡Basta de maltratar la motivación de quien cada día pone la otra mejilla para sacar su trabajo dignamente!¡Basta de gestionar a los recursos humanos, nuestros embajadores, como peleles numerados”

Hay tantas injusticias que no me da tiempo a enumerar ¿tú estás a salvo?

Y yo me pregunto: ¿De quién es la culpa? Pues…de un departamento de RRHH que no sabe implicarse en su función y que está desbordado, de gestiones globales desprestigiadas por su mala gestión y uso,  de la des-centralización de parte de las funciones sin control alguno, del reparto de cargos a dedo sin análisis previo, de la manía de considerar que una evaluación de desempeño es un mero trámite que hay que hacer en diciembre a la par que ponemos el árbol de navidad, de no supervisar la función de las “madres” cuando son ocasionales, de no preparar a la gente para un momento tan delicado, de no entender que la motivación y profesionalidad de las personas puede comprometerse por algo mal hecho, de no utilizar los resultados de manera eficiente en decisiones futuras, de no hacer un estudio de personal para un mayor aprovechamiento, de que los trabajadores sean un número sin apellido, de que fluyan las injusticias y ante tanto descontrol ya se entiendan como parte del sistema, de que nadie se preocupe de las personas, de que nadie tenga en cuenta el gran sentido de la palabra personas, de las “madres” que lideran sin preparación y nadie se ha planteado formarlas.

De que esta “madre” en concreto carezca de valores. Pero esto ya no me incumbe profesionalmente.

THE SHOW MUST GO ON

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Hace unas semanas estuve viendo un espectáculo en el teatro. West Side Story ,concretamente.  Era el día de su estreno ante el público tras meses de ensayo. Después de verlo no puedo más que confirmar que el trabajo para llegar a este impecable resultado debió de ser duro, muy duro.

Se apagan las luces, comienza la música, salen los actores. Esfuerzo, actuaciones sorprendentes, trabajo duro, transmiten, conectan con nosotros, muestran su gran talento…todo sale a la perfección. Ruido en el backstage, algo se ha caído. Se miran entre ellos milésimas de segundo; no titubean, continúan, inquietud casi imperceptible. Vencen el nerviosismo, vuelven a estar a la altura, rozan el cielo.

Fin, sorpresa, impacto. Cae el telón, pero aún deben pasar 3 ó 4 segundos antes de que arranquen los aplausos. Absortos y poseídos por el estupor del momento.  Comenzamos a ganar nuevamente nuestro derecho a respirar, nos lo han arrebatado con su increíble actuación.

Sale el elenco de WSS, uno a uno por orden de protagonismo, ¿o no?. Lo hacen de tal manera que cada uno gana su bien merecida ovación. No hay diferencias, no hay categorías, todos están ahí, todos ocupan su lugar en el escenario, pero el mismo lugar en el pódium de honor.

Y ahí estaban todos, con sus caras radiantes de felicidad, invadidos por la alegría y liberando el nerviosismo que los debió atrapar en cada una de las escenas; unos con lágrimas, otros con risas, otros temblando… Cada uno es libre ya de actuar sin guión Maquillajes diluidos por el río del orgullo, ellos y nosotros. Artistas unidos por las manos, pero aún más por el corazón, que atrás dejó cualquier conflicto que pudiera haber ocurrido, desde ese momento como si hiciera ya un siglo.  Eran un equipo. Miradas cómplices y felicitaciones en un código que sólo ellos entendían, satisfechos, honrados y conscientes, por primera vez, de que el duro camino había llegado a su fin.

Lágrimas, cansancio, amalgama de emociones…

Aplaudimos, aplaudieron. Agradecieron y abrazaron a su director, quien intentando sacar el cuello de un mar lleno de húmeda emoción no podía más que girarse hacia ellos y agradecerles todo el esfuerzo con cada una de sus lágrimas.

Bajó el telón y esta vez para siempre. Sólo hay un primer día para el estreno.

 

¿Y ahora qué?

Cómo decía el gran Freddy Mercury…The show must go on…Tras ese estreno llegará la realidad de su rutina diaria. Dos funciones diarias durante 5 meses de martes a domingo, 12 funciones semanales, 36 horas subidos al escenario. Probablemente la calidad del espectáculo mejore en algunas cosas, en otras no, fruto de la experiencia, conocimiento, ensayos, errores, aciertos… pero también habrá días donde cada uno, con su secreta obra de teatro personal, experimente su propia montaña rusa de emociones. Días donde surjan conflictos entre bambalinas, días arriba, días abajo, sonrisas congeladas para el acto, pero cumpliendo con profesionalidad su objetivo. Porque así son las cosas.

No se esta historia donde os traslada, pero a mí me traslada a cualquier empresa de cualquier sector, en cualquier momento y en cualquier lugar.

Intentad pensar en vuestro entorno profesional. Trasladadlo a un éxito reciente, al arranque de un proyecto, al inicio de una nueva relación laboral…y ahí tendréis lo que hay y lo que habrá. Preguntaros ¿Qué me hizo sentir? ¿Cómo estaba el equipo? ¿Qué ambiente vivimos?

Y aquellos que, como yo, veláis por las personas, ¿Qué lugar ocupamos en todo esto?

Sin duda, el de directores de esa obra, el equipo de luces y de sonido, de atrezo, maquillaje, vestuario y todo aquello que ayude a que cada uno de los protagonistas de lo mejor de sí mismo. Siendo aquellos que se mantienen ocultos en todo momento dando el protagonismo al verdadero actor de la obra, pero que se giran para aplaudir a sus artistas por el esfuerzo realizado. Haciendo que cada día cuente, ofreciéndoles grandes sensaciones, motivando a los equipos para que cada día sientan que están en su gran estreno. Y sobre todo respetando que habrá días en los que el carrusel de la montaña rusa estará abajo del todo y su actuación no podrá ser excelente.

Nuevamente se baja el telón, pero esta vez sólo para el entreacto… The show musto go on.

YO TAMBIÉN TE DENUNCIO A TI, CEO.

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Imagino que a estas alturas este vídeo que os muestro habrá dado la vuelta al mundo y lo habrás visto en distintas redes sociales. No obstante, quiero tenerlo en mi blog para poder recurrir a él cuando sienta que me he quedado anclada para poder volver a sentir lo que sentí el otro día cuando lo vi por primera vez.

https://www.youtube.com/watch?v=3YF_xy3atic

¿Cómo os quedáis al verlo? Supongo que muchos de vosotros como yo, impactados.

Mi artículo no trata en sí mismo sobre el contenido del vídeo. Sigo siendo fiel a mi blog y lo que pretendo con él. Pero sí trata del refuerzo de mi propia creencia y lucha. Me motiva y convence para seguir creyendo en lo que hago y lo que puedo llegar a hacer. Me anima, sobre todo, a no tirar la toalla. Quiero seguir siendo la voz de todos aquellos trabajadores que con su esfuerzo diario mueven el mecanismo de cualquier empresa, quedándose en la sombra.

Y hoy alego:

·        A ti CEO que mueves los hilos desde tu cubículo, sin salir al escenario de la realidad. A ti, que ves los números desde el ordenador, pero no entiendes la matemática humana que los ha convertido en materia. Tú, que pretendes cerrar el mes con cifras positivas, pero con números rojos en valores. Tú, que determinas la entrada, la salida, los descansos, los cafés, las aguas, las vacaciones, las normas, las barreras. Tú, que no permites el cambio, cuando todo ha cambiado. Tú, que buscas el futuro anclado en un pasado borroso ya. Tú que te conviertes en el dueño de la vida de tus robots de carne durante 8 horas diarias y algunas otras de regalo.

·        A ti CEO que buscas el nuevo talento y que, una vez contratado, lo robotizas arrancándole la espina dorsal, los ojos, los intestinos… y su corazón, como si de un pez se tratara. Tú, que conviertes la carne en hojalata, así como Pinocho paso a ser de madera. ¿Qué buscas realmente cuando hablas de talento? ¿Lo quieres de verdad o sólo buscas ampliar la longitud de tu mano para llegar hasta donde no alcanzan tus dedos?

·        A ti CEO que apoyas tranquilo la cabeza en tu silla cuando ves que el resultado ha sido bueno, pero no miras cómo ha sido de duro el camino para alcanzarlo. Tú, que pretendes mirar hacia otro lado ante la lucha y el barro que ha impregnado las manos de los que lo han conseguido.

·        A ti CEO que el progreso, la creatividad, la innovación y la independencia te suenan a película de ficción; mientras miras con ojos amenazadores, como un gladiador a su próximo rival, cualquier crítica constructiva que te puedan hacer. Quieres el nuevo talento para ser movido por tus hilos, para moldearlo a tu imagen y semejanza, para quitarle sus ideas y transferirles las tuyas, pero esas marionetas dejaron de existir.

·        A ti CEO que valoras a todos por igual, sin entender que cada uno es distinto. Que utilizas el mismo molde sin importarte si encaja o no. Tú CEO que metes a presión en ese molde el deseo y motivación de cada uno, convirtiendo sus esperanzas en desgastada plastilina.

·        A ti CEO que finges querer cambiar las cosas, buscando la foto de “familia” perfecta, pero con un negativo… más negativo aún.

·        A ti CEO que vendes una unos valores de manual moderno, pero de un libro que ya cumplió su centenario.

Y es por todo esto por lo que yo te denuncio a ti, CEO… Por no creer en las personas, ni entender cómo funciona el talento. Por no entender que el talento no tiene alas, pero puede volar cada vez más alto. Por no entender que se puede crecer a pesar de medir lo mismo. Por pretender entender a todos, sin entender a ninguno de ellos. Por no adaptar los ojos a la luz de la nueva realidad. Por perpetrar leyes hoy insostenibles, mañana imposibles. Por cortar patrones idénticos cobijado en falsas excusas. Por impedir que las personas destruyan el eslabón que los ata a un pasado que nunca volverá.

PD: Si eres CEO y te has sentido ofendido…tal vez necesites un cambio.

MARATÓN MENTAL: YO EN ESTADO PURO.

yo

El otro día viví una situación muy curiosa. Al final, como es habitual en mí, desató una maratón de ideas…Este artículo es distinto a los que suelo escribir. De hecho, no puedo llamarlo artículo como tal sino algo que surge tras una anécdota real y el desencadenamiento de una rave mental. Os muestro un poco de mí, bocetos que me ayudan a construir, atisbos de los que puedo sacar conclusiones.

Parte 1: LA ANÉCDOTA

Tenía que realizar un taller con los colaboradores de una empresa, un taller de innovación para encontrar nuevas líneas de organización. Pero bueno, esto no viene al caso. Llego al hotel:

  • Yo: Buenos días, tenía reservada una sala a mi nombre.
  • Hotel: Sí claro, Señora (¿señora?), pase por aquí. Tiene reservada la sala Belice para 8 personas.
  • Yo: No, ha debido haber un error. Somos 28.
  • Hotel: Bueno, no se preocupe Señora (¿otra vez?) llamo a eventos y lo reorganizan en un momento. Hemos dispuesto el proyector y la pantalla como necesitaba.
  • Yo: Pues…es que no necesitaba ni proyector ni pantalla.
  • Hotel: ¡Uy, no damos ni una! ha debido haber otro error. Enseguida se lo quitamos. Le informo de que el café para el descanso se hará a las 11.
  • Yo: Nosotros no hemos reservado café. Saldremos fuera a tomarlo como parte de la jornada. Disculpa un momento: ¿Seguro que esta sala es para mí? Nada encaja con mi reserva.

Entre tanto entra un tercero en escena.

  • Tercero: Hola, vengo al curso.
  • Yo: Hola bienvenido, hay un pequeño problema de reorganización de mesas, pero lo arreglarán pronto. Si quieres mientras ir a tomar un café.
  • Tercero: No, ya he desayunado. Gracias. A todo esto ¿tú eres…?
  • Yo: Soy Ainhoa, la consultora.
  • Tercero: No, perdona, el consultor soy yo.

Hotel: Usted viene a impartir una jornada de innovación, ¿Verdad?

  • Tercero: No, yo vengo a impartir la de “Conectando desde la emoción” para
  • Yo: La de innovación soy yo.

Ambos miramos a “Hotel”.

  • Hotel: Señora (y dale…) acompáñeme, tenemos su sala lista en otro lado.
  • Yo y tercero: adiós, encantado.

Así pues, me marcho con mis bártulos a mi sala. Comienzo a recibir a los participantes, nos conocemos de varios años. Besos, abrazos, expectativas… Al rato de comenzar la sesión me dice una de las participantes:

  • Participante: Cómo me alegro de estar aquí y no en la otra sala. Aquí estamos más a gusto, “como en casa”.
  • Yo: Ja, ja, ja ¿Por qué dices eso? No me pelotees que no voy a poner nota.
  • Participante: No, porque nada más llegar nos ha recibido un Señor (¡toma, ahora te toca a ti!) y nos ha dicho “Este es el curso de los jefes, los que no lo sois vais a la otra sala”. Y nos hemos quedado un poco “así” (pone cara de pez globo).
  • Yo: Yo (soy incapaz de definir mi cara en ese momento, puede que como la del emoji rojo del WhatsApp) también me alegro de que estéis aquí, ¿sabéis por qué? Primero porque lo vamos a pasar infinitamente mejor y segundo porque lo que hagáis aquí va a servir para que los “jefes” que están allí sean mejores jefes…
  • Participante: Si, pero ellos tienen café.
  • Yo: Esto lo arreglo yo de un plumazo: ¡RONDA DE CAFÉ PARA TODOS!

Parte 2: Mis maratones mentales

De camino a casa suelo hacer un repaso de todo lo que ha pasado a lo largo de la jornada. Estoy satisfecha, muy satisfecha. Creo que ha sido un éxito y no por mí, sino por el esfuerzo y dedicación de los que han participado. Sí, de esos que no son jefes, pero han construido como si la empresa fuera suya.

Todo esto me llevó a mil pensamientos, infinitas divagaciones. Los que me conocéis ya sabéis que mi cabeza no para. Siempre me planteo todo, pensamientos que vienen, que van, que fluyen, que resurgen, que mueren, cosas obvias y normales que de repente un día se encienden en mi cabeza y les busco un lugar, una explicación. (Supongo que mi madre aún recordará el día que le dije “Tú, realmente por qué eres mi madre” “por qué estamos aquí las dos”) … Bien, esto me ha pasado de siempre.

Según volvía en el coche, de camino a casa, me dio por hacer una macro fiesta cerebral y mi cabeza no dejaba de saltar de un lado a otro. Cuando llegué a casa estaba exhausta de mis idas y venidas. Decidí anotar inmediatamente algunas de las ideas que se me fueron ocurriendo a lo largo del trayecto, me pareció un buen material para escribir algún día.

Así que aquí os dejo mis chaladuras concatenadas, dudas que me venían, respuestas que no salían… yo en estado puro.  No esperéis nada hilvanado, no esperéis una historia de principio a fin, no esperéis respuestas y por supuesto, olvidaos de la lógica y el orden por un segundo; mi cabeza no funciona así. Mi cabeza realmente es esta:

Idea de partida: ¿Por qué se nos hincha el pecho como palomos cuando somos o estamos rodeados de jefes?

Idea 0: ¿Por qué no neutralizamos los títulos, las tarjetas de visita y nos presentamos como personas con distintas responsabilidades en una empresa?

Idea 1: No quiero que nadie se sienta ninguneado o infravalorado por no tener un “status” social en la esfera alta de un organigrama. Vale más lo que hacemos que lo que somos.

Idea 2: El ser humano necesita alabanzas y aprobación del resto para sentirse realizado. Hemos perdido la autenticidad, somos el producto de lo que otros quieren ver y cuando lo ven piensan ¡Qué poco natural!

Idea 3: Muchos comentarios “profesionales” llevan ocultos un mensaje comercial, ya sea de un producto o de uno mismo. Literalmente: nos vendemos en multitud de ocasiones.

Idea 4: Pedimos innovación y creatividad a los colaboradores, pero luego cuando proponen se enfrentan a la barrera del NO. ¿Qué sentido tiene?

Idea 5: Ahora se han puesto de moda los anuncios de ofertas de trabajo a través de vídeo. Algunos originales, otros tantos, forzosamente forzados para seguir una corriente que no va con ellos, ni con su imagen, ni con su filosofía. Qué importante es actuar como somos y no como deberíamos ser. Qué importante es ser fiel a unos principios.

Idea 6: ¿Las reflexiones afirmativas y totalitarias que hacemos en Linkedin son fruto de nuestras ideas o hay estudios detrás que las corroboran? Yo nunca pretendo cambiar el mundo con mis artículos, sólo quiero expresar lo que siento.

Idea 7: Como decía Sam Walton, pero a mi forma: nos gastamos millones en publicitar nuestra marca y todas sus bondades, pero jugamos al todo vale con precio de saldo en la contratación de quien va a representarnos.

Idea 8: ¿Pensamos realmente el impacto que tienen nuestras publicaciones? ¿Sabemos a dónde llegan?

Idea 9: ¿Por qué nos empeñamos en mostrar imágenes de ositos o leones para ilustrar cómo debería ser el comportamiento humano, cuando realmente esos animales actúan por otros instintos y motivaciones? (Quien no haya visto el vídeo del osito aún se merece un aplauso).

Idea 10: Reflexionar 10 minutos es un hábito saludable (¡hoy “lo peto”!). Creo que el exceso es lo opuesto. Me arde la cabeza.

Idea 11: Yo no “Busco talento” como si estuviéramos en una película del Oeste con el SE BUSCA y la cara de Clint Eastwood. Yo busco personas que quieran, puedan y sepan. De detectar y desarrollar su talento ya nos encargaremos luego.

Idea 12: Qué bien se siente uno cuando habla sin tener que esconder quien es. Yo en mi blog lo hago, me libera. Lo siguen 8 personas, para mi vale tanto como si lo siguieran 400. A todas intento darles lo mejor de mí y cada artículo es por y para ellas. Soy afortunada.

Idea 13: Quiero las condiciones de las películas americanas: se levantan, desayunan en familia lo que yo puedo comer a lo largo de todo el día (huevos, tortitas, café, zumo recién exprimido con toda su vitamina, cereales y hasta un dinosaurio si se pone por medio) (revientan), preparan las distintas tarteras, van al colegio, dejan a los niños, luego al trabajo, no hay atasco, aparcan en la mismísima puerta, hay sitio… ¡Dios mío! ¿qué he hecho mal? ¡No encuentro aparcamiento nunca ni en mi garaje!

Idea 14: Un trabajador se siente orgulloso de haber trabajado 14 horas el sábado y 14 el domingo. Lo ha publicado junto con un regalo que le ha hecho su jefe por el esfuerzo. Leo críticas y alabanzas. No sé dónde posicionarme. Prefiero pasar a la siguiente noticia. Todo tiene su lado bueno y su lado malo.

Idea 15: Qué beneficioso sería aprovechar los ciclos circadianos. Lo triste es que no tenemos tiempo para pensar en ello. Qué ironía, ¿verdad?

Idea 16: ¿Quién inventó que la semana laboral debería ser de 40 horas? ¿En base a qué se hizo ese cálculo? ¿Por qué no 32, 38, 44…? (mejor no dar ideas, a ver si voy a tener más seguidores, jefes, y la liamos).

Idea 17: Seguimos sin cambiar una ecuación perfectamente demostrada: + horas de trabajo no es igual a + productividad. El que apaga las luces muchas veces no es necesariamente el que más ha trabajado si no el que más ha gastado (su tiempo y luz). La eficiencia debería medirse y premiarse de otra manera.

Idea 18: Mil vídeos, anuncios y post de actos heroicos, que si los analizas en profundidad no son más que gestos que deberían ser naturales en nosotros. Triste cuando lo natural se convierte en algo que requiere de alabanza para ser reconocido.

Idea 19: ¿Cómo motivar a mi equipo? Sencillo, preguntándoles qué les motiva.

Idea 20: Hay tantas cosas que no se pagan con dinero, que el salario emocional debería ser otra partida más de la nómina.

El objetivo final de la jornada que impartí ese día iba de preguntar a los héroes del día a día qué hacer para mejorar en la empresa. Y darles tiempo para hablar ellos mientras yo escuchaba sus inquietudes, qué necesitan. No me sentía orgullosa por su status, sino por lo que sabía que iban a construir juntos. No, ninguno llevaba tarjeta de visita y las corbatas no eran mayoritarias en la sala. Pero estábamos repletos de ilusión y motivación. Innovamos, creamos e inventamos.

Llegamos a conclusiones, salieron grandes ideas. Y, sobre todo, reímos; nos reímos de nosotros, de nuestros jefes y de los jefes de nuestros jefes mientras se tomaban su café al solecito.

Hotel: Gracias por su visita, Señora (¡puuuffff! al final la tenemos).

 

 

¡FELICES FIESTAS Y FELIZ EVALUACIÓN DE DESEMPEÑO!

Me adelanto 6 semanas. Lo se, estoy impaciente.

¿Os he dicho alguna vez que me encanta la Navidad? Pues sí, soy su fan number one. Me encanta la decoración, las luces, las castañas, el roscón ¡Hasta el frío es menos frío en Navidad!

navidad

Me gusta tanto que he decidido añadir otra tradición más. Ahora cuando llega diciembre ya no pienso sólo en pastorcillos, villancicos, turrón, bombillitas o panderetas. Ahora, como parte del decorado y festejos varios navideños, pienso también en la Evaluación de desempeño. A veces, el dichoso proceso se puede llegar a convertir en una especie de pan gallego relleno de polvorones almendrados, pero nada que no pase con buen espíritu, buenas tragaderas y una copita de champán.

Hay tanta variedad como tradiciones navideñas, así que hoy me he propuesto escribir mi artículo basado en algunas de esas tradiciones en cuanto evaluación del desempeño se refiere, que nos podemos encontrar.

Momento de preparar y organizar los festejos.

Hay que decidir qué se va a hacer, cómo se va a hacer, qué hay que preparar. Yo aquí os identifico cuatro estilos de evaluaciones de desempeño que nos podemos encontrar. Hay muchas modalidades, pero estas reflejan la inmensa mayoría. Para darle un carácter más navideño he decido presentarlas con nombre de villancico:

  • Evaluaciones de desempeño “Pero mira como beben los peces en el río”. Desde la barrera. Lanzamiento masivo del cuestionario a responsables. Recogida de datos. Informe al participante por correo. Fin.
  • Evaluaciones de desempeño “Ro po pon pon”. El peregrinaje de los consultores (ojo, que yo soy pastorcilla desde jardín de infancia y a mis 41 sigo con el zurrón). Vienen desde fuera a evaluar el desempeño de la empresa. Recogida de datos. Informe a RRHH quien lo deriva, o no,  a los responsables. Fin.
  • Evaluaciones de desempeño “Ande, ande, ande la marimorena”. Popurrí navideño. Las que se hacen combinadas y mezclan diversos estilos, modelos y formas. Imposible recogerlas todas en un artículo ya que son infinitas. Algunas muy válidas y otras no tanto. Fin.
  • Mis favoritas “We wish you a Merry Christmas” cohesionadoras y motivacionales. Evaluaciones en las que interactúan varias personas, se recogen datos, se analizan, se hace un informe y el superior directo se reúne con cada colaborador para trabajar juntos en un plan de desarrollo personal. RRHH, en ocasiones apoyado por una empresa especialista, apoya cada uno de los pasos e interviene en cualquier momento que sea necesario. Se le da continuidad 365 días. ¡Así, el espíritu navideño nunca muere!

Momento de ejecutar lo planificado.

Ha llegado el ansiado momento. Hay que ponerse manos a la obra. Ya les llega a los responsables la invitación para cumplimentarlas (salvo en la opción 2 que hemos visto anteriormente). Nuevamente volvemos a encontrarnos formas, y formas, de hacerla. Así que aquí os presento tres perfiles erróneos a la hora de cumplimentar la evaluación y uno que os identifico como mi favorito (regalo de amigo invisible).  Seguimos utilizando villancicos, para no perder el ritmo:

  • Los  “a mi fun, fun, fun. Los que pasan completamente de todo esto de las tradiciones y la evaluación. Los que consideran que no vale para nada. Los que creen que les quita tiempo. Los que creen que RRHH no tiene nada mejor que hacer. Los que llega la fecha límite y no han empezado si quiera. Los que una vez que se les ha echado el tiempo encima deciden entregar las claves o impresos a los colaboradores para que ellos mismos se autoevalúen, con la perfecta excusa del “confío en tu honestidad o el nadie mejor que tú para hacerlo”.
  • Los Noche de paz, noche de amor”. Que pasan por el proceso de puntillas y evitando el conflicto. Deciden hacer una evaluación con una medición central en la que ni mucho, ni poco, para que todo sea paz y armonía.
  • Los “Adestes fideles”. Aquellos que la cumplimentan perfectamente en tiempo y forma. Metódicos, concentrados, pensando en cada una de las preguntas y analizando en profundidad cada una de las respuestas. Fieles seguidores de la tradición que no salen del esquema ni se adaptan según cada perfil. Pero ojo, capaces de caer en el efecto halo o proyecciones indebidas.
  • Mi regalo. Si yo tuviera que decantarme por una Evaluación perfecta sería el “beben y beben los peces en el río”. Significa que “nos mojamos”, que entramos al terreno de juego, que nos involucramos con cada participante y le damos lo mejor de nosotros para extraer lo mejor de ellos. Que somos objetivos y somos capaces de transmitirlo correctamente. Porque, como los peces, nos movemos en bancos, en equipo, lo que significa que vamos hacia nuestro objetivo juntos, persiguiendo el logro, detectando áreas de mejora y trabajando juntos para alcanzarlas.

Momento de “Ya vienen los Reyes magos”

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Sin duda el momento de la verdad. El descorche de la botella, la verdadera prueba de fuego, el momento más mágico de las navidades: los Reyes Magos.  Ahí es cuando veremos si hemos sido buenos o malos, si nos dejan juguetes o carbón.

¿Recordáis cuando de pequeños nos sentábamos en las rodillas de Baltasar (el mío) a contarle si habíamos sido buenos o malos, o a pedirle lo que tanto deseábamos nosotros y nuestros hermanos? ¿Os acordáis cuando nos daba consejos o nos guiaba para que el próximo año lo hiciéramos mejor? Pues esos, justo esos, fueron nuestros primeros encuentros con eso del feedback.  ¡Fijaos lo visionarios que eran ya Sus Majestades!

Este ejercicio de comunicación, y autoanálisis, es exactamente el mismo ejercicio que se debe hacer tras la evaluación de desempeño. Ese momento de reflexionar, comunicar, valorar, adquirir compromisos, valorar los logros obtenidos… nos regala el momento más valioso y fructífero de todo el festejo.

En este día “de Reyes” (feedback) podremos:

  • Comentar con cada colaborador el resultado de su evaluación, identificar aquellas áreas en las que mejorar, y felicitar por aquellas en las que ha obtenido grandes logros. Se creará un vínculo de confianza y seguridad valorando nuestra contribución a la empresa.
  • Establecer, conjuntamente, los objetivos que se pretenden alcanzar el siguiente año. Se obtendrá un mayor enriquecimiento de la responsabilidad de cada trabajador hacía su tarea,  adquiriendo compromiso con el trabajo propio y ajeno.
  • Dar paso a una charla en la que conversar sobre cualquier otro aspecto o inquietud que pueda tener nuestro colaborador. Se crearán canales de comunicación y cooperación que redundarán en la motivación y el sentido de pertenencia hacia la empresa.

¿Hay algo más mágico que esto? ¿Puede haber mayor espíritu de armonía empresarial?

Ahora, ya sólo puedo desearos…¡Feliz Evaluación de desempeño!

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A Belén pastores, a Belén…..lalalalala….